Las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt dieron a la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) no solo un resultado récord, sino que acaricia la mayoría absoluta que anhela para dar por finiquitado el cortafuegos germano. Es un triunfo sin paliativos para un partido bajo observación de los servicios secretos alemanes por su «indudable extremismo», que en ese land de este del país está dominada por su ala más radical y cercana al neonazismo. Ha dejado además en evidencia el derrumbe del centro político y muy especialmente el de la Unión Cristianodemócrata (CDU) del canciller Friedrich Merz. Los recortes en jubilaciones y prestaciones sociales impulsados por su coalición con los socialdemócratas son una bofetada para los ciudadanos no solo de esa parte del país, sino para el conjunto de una Alemania económicamente estancada donde crece la precariedad social.
¿Conquistará la AfD el poder?
La espectación en torno a los comicios de ese pequeño land del este era enorme, tanto en Alemania como a escala internacional. Una mayoría absoluta implica colocar en el poder aunque sea a escala regional a un partido en el que conviven corrientes neonazis y prorrusas. Su líder en el land, Ulrich Siegmund, la nueva estrella del partido, ha asegurado en campaña que solo gobernará si puede hacerlo sin depender de socios. En sus primeras declaraciones, con el conteo en marcha, reafirmó que no ve en perspectiva ningún aliado potencial. A falta de resultados finales, solo un concentración de fuerzas del resto de partidos con escaños, desde la CDU de Merz a La Izquierda, sería capaz de frenar a la extrema derecha. El partido del canciller está en un dilema, ya que según sucesivas resoluciones de su congreso federal no debe ni cooperar con la AfD ni tampoco con La Izquierda.
Estocada al centro
Tan incontestable como el triunfo de la AfD es el derrumbe del centro político y muy especialmente de la CDU. El 18,5 % obtenido por el partido de Merz significa que ha perdido exactamente la mitad de los votos que tuvo cuatro años atrás. Al Partido Socialdemócrata, el socio de Merz en el gobierno federal, no le ha ido mejor, sino que más bien se ha estabilizado en la debilidad: un 8,4 %, un porcentaje casi idéntico al que tuvo en las regionales anteriores. Friedrich Merz no puede, o no debería, pretender mirar hacia otro lado. El día después de la estocada recibida el domingo en un land que apenas ha visitado en campaña será duro para un canciller que subió al poder, en mayo de 2025, con la promesa de reducir a la mitad el porcentaje electoral de la AfD -que por entonces, en esas elecciones generales, se situó en el 20,8 %. Ahora se ha visto humillado con ese 44,5 % para la AfD, un éxito de los radicales no puede tratar de minimizar dándole rango de triunfo regional. Según los sondeos, la AfD es también primera fuerza en intención de voto a escala nacional.
El desafío de la Izquierda
La Izquierda, el partido al que la CDU trató de arrinconar políticamente tras la reunificación, con Helmut Kohl en la cancillería, y al que también quiso aislar luego desde el poder Angela Merkel, se ha convertido en una pieza necesaria frente a la AfD. La opción de integrarla en un gobierno de coalición regional entre CDU, socialdemócratas y verdes es remota. Pero para la CDU en el aire está, sea en Sajonia-Anhalt u otros estados, la posibilidad de un gobierno de minoria «tolerado» desde La Izquierda. Es un desafío no solo para los conservadores, sino también para la propia formación izquierdista. La cooperación implicará respaldar explícitamente las líneas del gobierno de Merz en Berlín. Es decir, tanto una política migratoria cada vez más restrictiva como el rearme, en detrimento de la política social. Su recompensa sería dejar atrás el etiquetaje de herederos políticos del régimen germano-oriental para elevarse a la categoría de «salvadores» de la democracia.
Suscríbete para seguir leyendo












