Cuarta de la feria de abono de Calasparra con tan solo dos vueltas al ruedo como premios. Los novillos de Prieto de la Cal y Concha y Sierra, preciosos de capa y de excelente presentación, no dieron el juego esperado.
Joao D´Alva en una media / Enrique Soler
Atemperó Joao D’Alva las embestidas del primero, que salió a todo trapo, arrollando al portugués en la larga de recibo. En varas, palmas al segundo puyazo que fue trasero. Las banderillas al alimón con Mariscal. A estas alturas, el toro dijo que esto no iba con él y empezó a buscar las tablas a pesar de la voluntad y el empeño que puso el portugués poniéndole en el hocico la muleta. Pinchazo, estocada y descabellos. Aplausos. En su segundo, un jabonero precioso, en banderillas, otra vez al alimón y un auténtico ‘que viva la fiesta’, ya con la muleta, todo lo puso el portugués que, de no ser por la espada, se hubiera ganado una oreja de ley por su faena de coraje y entrega. Con la espada, un calvario de pinchazos y descabellos. Silencio tras aviso.
Palmas a la salida del primer jabonero de Prieto de la Cal y al que Mariscal Ruiz le enjaretó varias verónicas, intercaladas con chicuelinas. El toro vino de largo al segundo puyazo, que no cuajó. Derroche de valor del sevillano con un arrimón enorme. Aunque torear es otra cosa y teniendo en cuenta las condiciones del burel, hoy se aplaude todo, el toreo a media altura y los adornos. No se puede restar méritos a la voluntad y disposición del joven novillero, que la puso en cantidad. Media estocada con petición y vuelta al ruedo.
El siguiente, de Prieto de la Cal, salió con pies y Mariscal lo intentó parar con verónicas un tanto embarulladas. Con la franela, el toro se tragó los dos primeros muletazos, yendo a menos. Espadazo trasero tras dos pinchazos. Aplausos con vuelta.
Precioso de lámina el que cerró plaza de Concha y Sierra, cárdeno, salpicao, lirón y nevao, pero que manseó por el ruedo. Con semejante ejemplar, al sevillano no le quedó otra que coger la espada. No consiguió concluir la faena, dándole los tres avisos y siendo devuelto a los corrales.

Joaquín Caro, mientras era trasladado a la enfermería de la plaza / Enrique Soler
El peruano Joaquín Caro resultó cogido al inicio de la faena en su primer toro de Concha y Sierra, que se había mostrado con poder, en varas levantando al caballo como si fuera una caja de cartón. El de Lima era la primera vez que se vestía de luces esta temporada. Fue trasladado a la enfermería y posteriormente hasta el Hospital Comarcal del Noroeste con pronóstico reservado, aunque según la primera intervención no llevaba cornada. Según el parte facultativo «Traumatismo contuso torácico y en espalda. Dolor intenso en la espalda y hemotórax izquierdo. No puede continuar la lidia. Derivación al hospital de Caravaca».









