El día después de las multitudinarias concentraciones en defensa de Ceuta dejó en Galicia una imagen difícil de ignorar: miles de personas salieron a la calle para mostrar su solidaridad con los ceutíes y reclamar al Gobierno de Pedro Sánchez una respuesta ante la situación vivida en la ciudad autónoma.
Las movilizaciones, que partían de la sociedad a través de las redes sociales y luego promovidas por el PP a través de la Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP), se reprodujeron en numerosas localidades gallegas. A Coruña, Santiago, Ferrol, Lugo, Ourense, Pontevedra y Vigo fueron algunos de los puntos donde los ciudadanos respondieron al llamamiento.
Pero también en otros municipios como Viveiro (Lugo) o Ribeira (A Coruña).
Miles de personas en toda Galicia
En A Coruña, la plaza de María Pita se quedó pequeña. Banderas de España, mensajes de apoyo a Ceuta y proclamas contra la gestión del Gobierno acompañaron una concentración en la que participaron, entre otros, el presidente de la Xunta y del PPdeG, Alfonso Rueda, y el conselleiro de Presidencia, Diego Calvo.
También hubo presencia de dirigentes populares en otras ciudades. La secretaria xeral del PPdeG, Paula Prado, participó en la concentración de Santiago, mientras que el presidente del Parlamento gallego, Miguel Ángel Santalices, estuvo presente en Ourense.
«Ceuta es española»
Rueda aprovechó su intervención para reivindicar que las movilizaciones no debían interpretarse únicamente en clave partidista.
«Aquí la gente no está por política», defendió, antes de subrayar que «Ceuta es española». El presidente gallego reclamó al Gobierno central un cambio de rumbo ante lo que calificó de «gestión nefasta» y pidió que las concentraciones sirvan como «toque de atención».
«Tenemos que defender un trozo de nuestro territorio», afirmó.
Sus palabras llegaron después de conocerse el contenido de un informe del Centro Nacional de Inmigración y Fronteras (CENIF) de la Policía Nacional sobre la entrada de miles de inmigrantes en Ceuta a finales de julio. El documento atribuye a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad marroquíes un «guiado activo de la masa hacia los lugares de paso».
Para Rueda, el informe supone «una demostración más de que se está mintiendo» y de que se están defendiendo «intereses que no son los que estamos defendiendo todos los que estamos aquí».
En María Pita, en A Coruña, se escucharon duras críticas contra Pedro Sánchez, incluidas peticiones de dimisión, aunque el mensaje central de muchos de los asistentes fue otro: Ceuta no está sola.
Los ciudadanos corearon consignas como «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende» y reclamaron la expulsión de quienes consideran responsables de la situación vivida en la ciudad autónoma. También hubo numerosos mensajes de respaldo a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado.
Pero entre quienes acudieron a las concentraciones no solo había simpatizantes de partidos de derechas. También hubo ciudadanos vinculados a la izquierda que quisieron dejar claro que su apoyo a Ceuta estaba por encima de las siglas.
Es el caso de Camilo, militante socialista sin responsabilidades políticas que decidió acudir a la concentración porque consideraba necesario mostrar su solidaridad con los ceutíes.
La palabra «racista» marca el debate político
Mientras las plazas se llenaban de ciudadanos en apoyo de Ceuta, las fuerzas de izquierda cuestionaron el sentido de las movilizaciones y las vincularon con posiciones de carácter racista.
En algunos puntos se produjeron contraconcentraciones y momentos de tensión entre pequeños grupos. El calificativo de «racista» apareció también en intervenciones y discursos de representantes de la izquierda. En Santiago, María Rozas, teniente de alcaldesa y representante de Compostela Aberta, cargó contra el sentido de la protesta.
Los populares rechazaron ese planteamiento y defendieron que mostrar solidaridad con los habitantes de Ceuta y reclamar una respuesta al Gobierno no puede ser considerado un acto de racismo.
Paula Prado puso precisamente el foco en la realidad que viven los ceutíes y en la necesidad de que las instituciones estén a su lado.
En Vigo, el alcalde Abel Caballero llegó incluso a rechazar una declaración institucional promovida por el PP de la ciudad olívica. Y el contenido de esa propuesta resulta especialmente significativo: el texto no incluía ninguna referencia crítica a Pedro Sánchez ni pedía responsabilidades al presidente del Gobierno.
Lo que planteaba el PP vigués era que el Concello expresase su «apoyo firme» a Ceuta, reconociese a la sociedad ceutí por su «serenidad, entereza y responsabilidad» y reclamase al Gobierno de España que mantuviese los recursos extraordinarios destinados a la ciudad autónoma hasta recuperar la normalidad.
También incluía un mensaje de respaldo que se repitió durante las concentraciones de toda España: Ceuta no está sola.
La decisión de Caballero deja, por tanto, una pregunta en el aire: ¿qué parte de una declaración de apoyo a los ceutíes y de reconocimiento a su entereza resultaba inasumible para el alcalde de Vigo?
Otro momento llamativo en las concentraciones se produjo en Santiago, cuando el concejal popular, Adrián Villa, colgó la bandera de Ceuta en los balcones del Pazo de Raxoi, sede del Ayuntamiento, donde también lucía la bandera palestina colocada por el gobierno de BNG y Compostela Aberta.

El balcón del ayuntamiento de Santiago, con la bandera de Ceuta
Entre consignas, banderas y reproches políticos, quedó una idea que se repitió en las plazas gallegas: Ceuta forma parte de España y sus ciudadanos no están solos.













