Aunque la dimensión del suceso pueda hacer parecer lo contrario, el robo del Tesoro de Villena, en Alicante, no ha sido una excepción en el contexto actual. El robo similar de piezas de oro en Albacete, que se produjo a finales de julio; el del Tesoro de Villanueva de la Serena, en Badajoz, en abril; e incluso el robo en el museo del Louvre de París, en octubre del año pasado, con la sustracción de nueve piezas de las Joyas de la Corona de Francia, tienen como denominador común no solo la traumática desaparición del patrimonio, sino el material buscado por los ladrones.
Se trata del oro, un material cuyo valor en el mercado se encuentra actualmente cerca del máximo histórico, que se alcanzó en enero de este mismo año, y cuyos beneficios podrían buscar los ladrones. La investigación sigue su curso y aunque no hayan trascendido conclusiones, la mayoría de especialistas piensan que lo más probable es que el oro de la colección robada en Villena, que tiene unos 3.000 años de antigüedad, podría haber sido fundida.
Con la fundición se pierde el rastro del delito, y un coleccionista correría riesgo de delación
«Lo habitual es que una pieza documentada y expuesta en un museo nunca sea vendida en subasta», dice Patricia Fernández, abogada especialista en patrimonio, que hace referencia a las «fuertes medidas de control» presentes en países como Estados Unidos, China o en el continente europeo, «donde la vigilancia es más estrecha». Con la fundición del oro, recuerda, «se pierde el rastro de un delito», y cree, sin embargo, que «un coleccionista suele tener la voluntad de mostrar su colección, y en este caso eso correría riesgo de delación», por lo que «de ser así no se estaría ante un coleccionista al uso», a no ser que «se hable de un coleccionista de un país en el que los controles sean más laxos», posibilidad que cree que es muy baja.
Peso de un objeto de oro en un local comercial. / INFORMACIÓN
La jurista recuerda, además, que la sustracción de elementos de oro no solo se ha dado recientemente en España o en el Louvre, sino también en otros lugares de Europa. Enumera, en este sentido, el robo de 483 monedas celtas de oro de más de dos mil años de antigüedad en Manching, Alemania, en 2022; el del Museo de las Artes Aplicadas de Viena este mismo mes de agosto; y el de principios del año pasado en Assen, Países Bajos, que acabó con final feliz tras la recuperación de parte del material en abril de este 2026. Un desenlace que Fernández recuerda que es «excepcional».
Práctica recurrente
El criminólogo Marc Balcells es el director del grado de esta disciplina en la UniversiDAD Oberta de Cataluña y autor de Arqueomàfia, libro que se sumerge en las profundidades del comercio del patrimonio arqueológico. «Todavía es pronto para sacar conclusiones de lo que ha ocurrido en Villena, pero es evidente que cada vez hay más robos como este: ataques violentos contra edificios en los que no se roba el arte, sino el patrimonio en el que se ve más el material del que está hecho que su valor histórico».
Los robos como el de villena, con ataques violentos contra edificios, son cada vez más frecuentes
Balcells recuerda que «en un mundo tan interconectado cualquier robo llega a todos los cuerpos policiales y un operativo se desarrolla enseguida, por lo que la capacidad de venta en el mercado ilícito es menor, a no ser que se funda el oro». Según su conocimiento, «estos robos los llevan a cabo profesionales, a veces por encargo, que también tienen experiencia en robos de coches de alta gama o en casas de lujo«. Y concluye que «la investigación está abierta y no hay que descartar nada, pero ante el robo de una materia prima tan valiosa el escenario de la fundición es muy plausible».
En cuanto a los coleccionistas de patrimonio arqueológico, el criminólogo recuerda la práctica antigua de «personas de alto nivel económico que tenían a sueldo ladrones de tumbas» que sustraían materiales, pero «lo de ahora es un caso diferente«, y subraya, además, que «no hay constancia de sentencias judiciales en las que se haya identificado una exposición ilícita en una guarida subacuática».
En el mercado negro se puede vender el oro fundido, nadie va a preguntar por la procedencia
El docente no descarta que «el tesoro pueda haber salido del país», algo que «antes no era fácil pero ahora lo es a través de la carretera», y «eso sí que sería preocupante«.
También es de este parecer Joaquín Guzmán, presidente de la Asociación de Anticuarios de la Comunidad Valenciana, que cree que el robo de Villena «no tiene nada que ver con el coleccionismo» y que «la fundición es el destino del Tesoro». Según su criterio, «un coleccionista busca una pieza única, no un ajuar, y aquí lo importante para los ladrones debe ser la materia prima». Guzmán apunta que la fundición «es relativamente sencilla con determinados tipos de sopletes, con un crisol y con mucha paciencia en un espacio habilitado», al margen de los lugares regulados para evitar denuncias previsibles. «Al oro fundido se le puede dar forma y se puede vender en el mercado negro, donde nadie va a preguntar por la procedencia»; o en una casa oficial, «aunque evidentemente en este último caso habrá más control».

El Tesoro de Villena antes de ser robado del museo de la localidad. / Rafa Arjones
Con la cantidad de oro sustraída en Villena, 9,1 kilos, los ladrones podrían obtener aproximadamente 1,2 millones de euros, teniendo en cuenta el precio en el mercado del oro. Albert Velasco, profesor de Historia del Arte con experiencia como museógrafo, recuerda también que «hay platos, vasos y vasijas del siglo XIX que valen más por su peso y por su material que por su antigüedad», y los joyeros confirman la existencia de la práctica de la fundición al margen de la regulación.
Las piezas son demasiado grandes como para fundirlas en cualquier sitio, pero no es imposible hacerlo
«Siempre se ha fundido oro sin control, normalmente a través de robos por encargo, y puede hacerse casi por cualquiera en lugares alejados debido al calor y escondidos ante el peligro de ser descubiertos», dice Paco Navarro, joyero con larga trayectoria en Alicante, que detalla que «harían falta crisoles y un soplete de autógena para finalmente hacerlo en lingotes».
Antonio Huebra, del Gremio Provincial de Joyeros de Alicante, recuerda, eso sí que las piezas sustraídas en Villena «son demasiado grandes y no pueden fundirse en cualquier sitio», y no descarta que los autores «lo hayan llevado fuera de España, porque aquí es complicado, aunque no imposible».
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