Llenar un estadio es algo reservado a las mayores estrellas de la música mundial. Bad Bunny o Bruno Mars ya han reunido a decenas de miles de personas en España, y en septiembre será el turno de Shakira, que levantará en Madrid su propio recinto temporal para 50.000 asistentes.
Las canciones de estas figuras musicales son reproducidas en todo el mundo y todas ellas son interpretadas en idiomas hablados por cientos de millones de personas. Por eso resulta llamativo un fenómeno que viene ocurriendo los últimos años en el País Vasco y Navarra, donde los grupos que cantan en euskera están registrando datos nunca antes vistos.
Los pasados 19 y 20 de junio, el grupo navarro Zetak llenó dos veces San Mamés, en Bilbao, en un espectáculo íntegro en euskera que congregó a 80.000 almas. El grupo liderado por Pello Reparaz no es una excepción. Apenas unos meses atrás, la banda ETS (En Tol Sarmiento) rompió las fronteras del territorio vasco y navarro agotando las entradas del Movistar Arena de Madrid y llenando el Palau Sant Jordi de Barcelona.
Este crecimiento del directo y de la proyección exterior de los grupos en euskera no ha pasado desapercibido dentro de la industria. El gerente de la asociación Musika Bulegoa, Iker Durana, considera que el panorama musical ‘euskaldun’ (vascoparlante) ha vivido “una mejoría y ha visto nacer a una nueva hornada de artistas emergentes que ha diversificado mucho el estilo de música”.
A pesar de que el sector tiene aún grandes retos por delante, Durana indica que “hace unos años era imposible pensar que una empresa vasca fuera capaz de organizar un macroconcierto para 15 o 20 mil personas. Se han dado pasos muy importantes desde el punto de vista de la industria y la producción por los que estar contentos”.
900.000 hablantes
Llenar un estadio como el del Athletic Club para otra cosa que no esté relacionada con el fútbol, pasión absoluta en Bilbao, no es tarea sencilla, y mucho menos hacerlo en un idioma con poco más de 900.000 hablantes y un uso minoritario en la calle.
A pesar de ello, las 40.000 entradas del concierto en San Mamés se agotaron en apenas tres horas, lo que animó a Zetak a anunciar un segundo espectáculo en el mismo escenario. “San Mamés: por primera vez en la historia un proyecto vasco llena un estadio en euskera. No queremos dejar a nadie fuera, así que hemos decidido anunciar otra fecha”, publicó la banda en su cuenta de Instagram.
El proyecto de Zetak, uno de los hitos culturales más grandes celebrados en Euskadi, refuerza el poder de convocatoria de una propuesta íntegramente en euskera. / Vera Valentín
Para Zetak, el concierto de Bilbao no fue el primero de gran formato, pues ya habían reunido a decenas de miles de personas en Pamplona y San Sebastián en los últimos años con shows marcados por las referencias a la cultura y la mitología vasca.
El auge de estos conciertos a gran escala no es solo responsabilidad de los artistas, sino que, tal y como explica Durana, viene influido por los nuevos hábitos de consumo del público y el fenómeno de los macrofestivales, al que la música en euskera se ha subido. “Desde la pandemia el público ha evolucionado, cada temporada se organizan más conciertos y la gente se habitúa a consumir cultura”, señala el gerente de Musika Bulegoa, organización que aúna a las cuatro principales asociaciones del sector.

Concierto del grupo ETS en el Palau Sant Jordi. / Zowy Voeten / EPC
El euskera como oportunidad
El hilo conductor y la fuerza que ha impulsado el éxito de bandas como Zetak no es otro que el idioma. El cantante de Arbizu concedió una entrevista al periódico mexicano ‘La Jornada’, en la que subrayó que el euskera también es una forma de hacer política y proyectar la cultura vasca al mundo: “Optar por un idioma tan pequeño, sabiendo español e inglés, no deja de ser una decisión política. Además, históricamente, nuestro idioma no solo ha sido relegado a un segundo plano, sino que ha sido prohibido y censurado”.
«Cantar en una lengua minorizada de tu país tiene un plus de sensibilidad, vínculo e identidad. Más que una barrera, es una oportunidad»
Desde su visión como parte del ecosistema musical vasco, Iker Durana percibe que el freno a cantar en un idioma con menos hablantes se está rompiendo. “Hacer música en euskera, más que una barrera, es una oportunidad. Cantar en una lengua minorizada de tu país tiene un plus a nivel de sensibilidad, de vínculo y de identidad”, asegura, y añade que “aunque el castellano o el inglés te den acceso a más públicos, la competencia es infinitamente mayor”.
Conquistando fronteras
ETS es otro de los actores fundamentales en el mundo de la cultura vasca que viene derribando fronteras. La banda liderada por Iñigo Etxezarreta logró el pasado 11 de abril un éxito sin precedentes, agotando 8.000 tickets en apenas 24 horas y obligando a ampliar el aforo del Palau Sant Jordi. Tras llenar el Palau Sant Jordi de Barcelona, la banda alavesa abarrotó el Movistar Arena de Madrid marcado por colaboraciones simbólicas, como la de Luz Casal cantando en euskera.
“Exportar propuestas de artistas euskaldunes fuera de las fronteras de Euskal Herria, por un lado, es un orgullo para los y las vascas mostrar y compartir nuestra identidad con otros territorios, y por otro, abre la puerta a que gente de otras regiones se acerque a conocer a otros artistas vascos”, apunta Iker Durana.
Un mismo sector, dos realidades
Mientras una parte del sector musical en euskera navega a toda velocidad y rompe récord tras récord, existe otra realidad más cruda lejos de los grandes focos. Según el balance de 2025 de Musika Bulegoa, los proyectos capaces de llenar grandes estadios conviven con la frágil situación de los más pequeños, que en muchos casos tienen que compatibilizar su parte creativa con otros trabajos.
“Muchas veces hablamos de los proyectos a gran escala, pero esto es posible gracias a la existencia de un entorno pequeño, que es donde se trabajan los públicos y se da la oportunidad al nuevo talento. Sin ese entorno micro no existiría el macro”, reivindica Durana.
“La mayoría de la gente probablemente no entiende lo que está diciendo la música anglosajona y aun así la escucha”.
A pesar de estos desequilibrios, “en los últimos años se aprecia una leve mejoría y están apareciendo más artistas. Es algo para estar contentos, pero queda mucho trabajo y la situación debería ser mucho más estable”, señala Durana, que concluye con una advertencia clara: “Sin músicos no hay música”.
Fuente: El Periódico













