No estaba metido dentro de un jacuzzi, con la cadenilla de oro y un teléfono con cable en la mano, sino paseando en traje por los salones de Mónaco, donde se celebraba el sorteo de la Champions. Pero Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético, emuló la 'ochentera' sordidez de Gil y Gil padre insultando de lo lindo al Barça. Y mientras Julián Álvarez, indispuesto, prefería quedarse en la cama antes que corriendo para su club, el Barça demostraba que puede estar, por fin, a otras cosas.
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