Los tiburones del Mediterráneo se enfrentan a una crisis existencial. La amenaza del cambio climático, la contaminación de las aguas y, sobre todo, la sobrepesca, entorpecen cada vez más su vida y, según alertan los científicos, en muchos casos los están abocando al abismo de la extinción. Pero a esto hay que sumarle otro problema aún más grave. Y es que los escualos lo tienen cada vez más complicado para reproducirse. Y no solo por el complejo entorno en el que deben hacerlo sino porque, además, sus prácticas sexuales son extremadamente violentas e involucran desde una feroz competencia por hallar pareja hasta feroces mordiscos para sujetarse durante la cúpula.
En otras circunstancias, el riesgo valdría la pena. Pero ante el acelerado declive de la especie, que en apenas unas décadas han reducido a la mitad su población, la ciencia sale al rescate. En España, por ejemplo, se ha puesto en marcha una «clínica de reproducción asistida» para salvar a los tiburones del Mediterráneo de la desaparición.
La sobrepesca, el cambio climático y la contaminación amenazan la supervivencia de los tiburones, mientras la ciencia busca soluciones para su reproducción en cautividad
La instalación, situada en el subterráneo del Oceanogràfic de València, lejos de la mirada indiscreta de los visitantes, está liderada por un equipo de biólogos marinos expertos en gestión de tiburones. Su objetivo, explican, es desarrollar nuevas técnicas para facilitar la reproducción de estos animales que, hoy por hoy, destacan entre los vertebrados más amenazados del planeta.
Ejemplar de tiburón capturado por un pescador de la Cofradía de Pescadores de Formentera / Diario de Ibiza
«No es un trabajo fácil porque apenas hay investigación sobre el tema. Hemos tenido que explorar diferentes procedimientos para, por ejemplo, extraer el esperma, estudiar su calidad, desarrollar técnicas de criopreservación, comprender las ventanas de fertilidad de las hembras y todos los componentes necesarios para que, al final, surja la vida», explica Pablo García Salinas, uno de los especialistas detrás de este trabajo, mientras manipula un tiburón en edad reproductiva recién llegado a una de las piscinas de su particular «clínica de fertilidad» para escualos.
Proceso en dos partes
El proceso se divide en dos partes. Primero se empieza con los machos. El equipo de García, en colaboración con los cuidadores del acuario, selecciona a un macho en edad reproductiva y lo transporta hasta una bañera. Una vez allí, con la ayuda de otros científicos, se toma el animal y se pone boca abajo. Allí se localiza la aleta pélvica, que es el órgano copulador de estos animales, y se estimula durante unos minutos mediante un masaje abdominal. Después se introduce un pequeño catéter en su interior para recopilar el esperma y evitar, en la medida de lo posible, otras fuentes de contaminación. Y de ahí se envía al laboratorio para su estudio.
El proceso resulta complejo ya que, según explica el especialista, requiere conocer el animal y, sobre todo, actuar con cuidado para no dañarlo. Porque de lo contrario, los tiburones pueden acabar estresados, vomitando o sin producir esperma.

Pablo García Salinas trabaja junto a su equipo en el proceso de fertilización artificial de un tiburón / El Periódico
El segundo paso se centra en las hembras. Estas también son trasladadas de una en una a las bañeras de la «clínica de reproducción» y examinadas por el equipo. En su caso se realiza una ecografía para estudiar la actividad de sus ovarios y saber si están en periodo fértil. En caso afirmativo, los expertos utilizan una jeringuilla especializada para realizar una inseminación introduciendo el esperma directamente dentro de la cloaca del animal.
Y a partir de ahí, afirma Salinas, solo queda cruzar los dedos para que todo vaya bien. «Las hembras de algunas especies de tiburón son muy selectivas con sus parejas reproductivas. Pueden almacenar el esperma de varios machos durante años y, llegado el momento, escoger ellas cuándo quedarse embarazadas. Incluso se cree que pueden seleccionar cuál es el esperma con mejor genética», afirma el científico en una conversación con EL PERIÓDICO mientras realiza el proceso con una pareja de escualos.
Animales en peligro de extinción
Salinas lleva ya varios años desarrollando protocolos de reproducción asistida de tiburones. Por ahora, su trabajo se limita al entorno del Oceanogràfic y hábitats controlados como el de los acuarios. Pero en un futuro, afirma, no descarta que estas técnicas tengan que aplicarse para frenar el declive de los animales en libertad y evitar la extinción de decenas de especies.
No podemos permitirnos un océano sin tiburones o rayas. Se trataría de un ecosistema totalmente desequilibrado y, por lo tanto, más peligroso y vulnerable para todos. Incluso para nosotros»
«No podemos permitirnos un océano sin tiburones o rayas. Se trataría de un ecosistema totalmente desequilibrado y, por lo tanto, más peligroso y vulnerable para todos. Incluso para nosotros», afirma el experto mientras reclama medidas de protección para proteger estos animales, así como todos los ecosistemas marinos amenazados por la acción humana. «Todos dependemos del mar. Así que ya sea por empatía hacia otras formas de vida o por puro egoísmo hacia nuestra propia supervivencia, lo mínimo que podemos hacer es proteger estos ecosistemas», recalca.
La historia de este proyecto científico pionero, así como la de muchas otras iniciativas dedicadas a concienciar sobre estos animales y promover su conservación, será retratada en un documental exclusivo creado por la directora catalana Ana Montserrat, de la productora B23 Films, para la plataforma de contenidos CaixaForum+ de la Fundació La Caixa.
Según explica la autora del largometraje, que se estrenará en octubre bajo el título ‘Estimats taurons’, su objetivo es «derribar mitos» sobre esta especie y mostrar la cruda realidad a la que se enfrenta y, con ello, la necesidad de impulsar medidas para protegerlas en nuestros mares. «No podemos tener miedo a los tiburones, porque son una parte esencial del Mediterráneo y sin ellos perderíamos una parte esencial de este mar que tanto amamos«, afirma Montserrat quien confía que este proyecto nos ayude a empatizar un poco más con estos animales tan injustamente temidos a la par que fascinantes. «Spielberg hizo una peli de terror con un monstruo, los tiburones son mucho más que eso», afirma.
Fuente: El Periódico











