En el organigrama de las familias que afrontan el reto de la crianza, los abuelos tienen un papel crucial e insustituible. La asistencia que muchos de ellos prestan a los hijos en el cuidado de los más pequeños en tiempos como los actuales, marcados por severas dificultades para la conciliación, nunca ha sido calculada por ningún organismo público –si esas largas tardes haciéndose cargo de los menores cotizaran en la Seguridad Social, a más de un yayo se le dispararía la pensión-, pero más difícil aún es tasar y evaluar el lazo emocional que se establece entre los más veteranos y los recién llegados al clan en esos años plenos de afectos y recuerdos que perduran toda la vida.
Sin embargo, ese estrecho vínculo que se da entre abuelos, padres y nietos no está exento de roces, y uno de los motivos más habituales de conflicto es el relacionado la gestión de la autoridad y el respeto a las normas de comportamiento que los pequeños deben cumplir cuando quedan a cargo de los abuelos.
La queja de que estos tienden a malcriar a los nietos es un lugar común en los hogares, expresada a menudo por unos padres que si bien celebran las conexiones intergeneracionales que se establecen en esos años en la familia y agradecen el apoyo que sus mayores les prestan con la logística de la crianza, viven con preocupación, y a veces con enfado, la manga ancha que sus padres suelen manifestar en cuestiones como el cumplimiento de los horarios y las rutinas de los menores, lo que comen, lo que hacen, el tiempo que pasan delante de pantallas o la atención que prestan a cualquier capricho que los pequeños demanden.
Vacaciones con los abuelos
Esta tensión, que es moneda corriente a lo largo del curso, se eleva varios grados en verano, cuando el final del periodo escolar propicia que la custodia de los menores en manos de los abuelos sea más frecuente y a veces se prolongue por jornadas o semanas enteras debido a las agendas laborales de los padres.
¿Cómo resolver el dilema de desear –o al menos necesitar- que los hijos pasen unos días con los yayos en el pueblo o en la casa de la playa y, a la vez, temer que allí no cumplan las pautas que imperan en el hogar familiar por la actitud excesivamente permisiva de los abuelos?
«La casa de los abuelos no es el hogar familiar, y no podemos exigirles que reproduzcan allí las rutinas y costumbres que rigen en nuestra casa»
La psicóloga experta en relaciones familiares Mercedes Bermejo invita a los padres a darse un baño de realidad: “La casa de los abuelos es la casa de los abuelos, no es el hogar familiar, y no podemos exigirles que reproduzcan allí las rutinas y costumbres que rigen en casa como se lo exigiríamos a una cuidadora contratada”, advierte.
Sin embargo, esto no significa que las directrices de la crianza de los hijos desaparezcan cuando estos están al cargo de los abuelos. “Es fundamental que los padres les dejen claro a sus mayores qué normas son de debido cumplimiento y cuáles no, teniendo en cuenta que estamos en periodo vacacional y que los horarios y las rutinas puede relajarse un poco. No pasa nada si en verano se van un poco más tarde a la cama, o están más tiempo jugando a la ‘play’, o mirando pantallas, pero esto deben hablarlo con los mayores antes de entregarles a los chicos”, añade la terapeuta.
Disfrutar de los pequeños
La tendencia de los abuelos a bajar la guardia con la disciplina de los nietos no es un mito sino una realidad que responde a razones generacionales. “Hay que entenderles, ellos ya criaron a sus hijos y ahora están en otra fase de la vida, creen que pueden permitirse el lujo de disfrutar de los pequeños como no lo hicieron cuando fueron padres” explica Cristina Noriega, docente de Psicología de la Universidad CEU San Pablo y coautora del ensayo ‘Abuelos que cuidan de sus nietos’.
En el trabajo de campo que llevó a cabo con la población senior, la investigadora topó con reflexiones relevantes. “Muchos abuelos, sobre todo varones, sienten que se perdieron la parte divertida de la crianza cuando fueron padres porque estaban trabajando y ahora, libres de esa carga, desean tirarse al suelo con los nietos y hacer con ellos las locuras que no hicieron con sus hijos”.
«Si se quedan con los abuelos, hay que explicarles a los niños que los adultos al mando son ellos y que deben cumplir las normas como harían en casa»
En lo que insisten las expertas en crianza es en que los menores deben tener claro el sentido de autoridad, estén en el hogar familiar o en casa de los yayos de veraneo. “Si se quedan con los abuelos, los padres tienen que explicarles a los niños que los adultos que ahora están al mando son ellos y que deben cumplir sus normas como harían en casa con las suyas”, aclara Cristina Noriega.
Para que este mensaje les quede nítido y sin dudas, es imprescindible que los menores no perciban disputas ni ninguneos entre sus mayores. “Ni los abuelos deben desacreditar a los padres tachando sus pautas de demasiado estrictas delante de los nietos, ni los padres pueden criticar en su presencia a los abuelos diciendo que son poco formales. La negociación sobre las normas deben hacerse en privado”, advierte Mercedes Bermejo, que previene a unos y otros contra un error que a veces se comete en los hogares: “Los menores nunca deben ser utilizados para plantear batallas familiares ni para competir sobre quién cría mejor”.
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