La presencia de nubarrones ha puesto en peligro este viernes los planes de playa de muchos turistas y residentes. A pesar de caer una leve lluvia que ha interrumpido el paseo a más de una persona, Palma se ha visto realmente inundada por una marea de gente que por un día ha cambiado el sol y la arena por vidrieras con carteles de ofertas y cafeterías de especialidad.
Las calles de la ciudad, como Sant Miquel, han sido abarrotadas por miles de viandantes que observan atentamente los detalles que esconde la capital balear. Sin embargo, los turistas más astutos han encontrado un refugio en el Mercat del Olivar para poder resguardarse de las primeras gotas, llenándolo y sin dejar de pasar la oportunidad de probar la gastronomía española. Contrastando con la imagen de decenas de mallorquines completando la compra diaria en las fruterías y pescaderías del establecimiento.
‘La Seu’ también ha sido objeto de visita. Miles de personas se han concentrado en los alrededores para observar el monumento que caracteriza a la isla. Largas colas para entrar tanto a la Catedral como a la Almudaina han decorado el horizonte junto al colapso de la entrada al parking del Parc de la Mar, que ha acumulado decenas de vehículos como de costumbre en los días que el cielo queda cubierto.
Asimismo, el comercio ambulante ha sonreído ante la marea de gente que ha paseado por el casco histórico. Obras de arte, camisetas de fútbol, bolsos y retratos han sido la atracción económica principal entre los transeúntes. Souvenirs sin una relación directa con la isla son aclamados por el turismo. Aunque alguno sí que ha parado a comprar un imán de recuerdo de sus vacaciones en Mallorca, que se han visto aguadas por un pequeño instante.
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