A Deborah García Bello (A coruña, 1984) el verano se le nota en la cara. Su marido dice que, cuando llega a la costa, se le pone «sonrisa de playa»: un gesto especial que conserva desde niña y que revela su fascinación por el mar. También allí, observando de cerca la arena, comenzó su curiosidad por la química, mucho antes de saber que aquello que despertaba su asombro tenía un nombre. Doctora en Química, investigadora y divulgadora científica, en su nuevo libro, Diario de laboratorio. La química que ilumina lo asombroso de una vida corriente, convierte escenas tan comunes como un olor, un beso, una vajilla o una tormenta en una forma de mirar la materia con otros ojos. A mitad del verano, hablamos con ella sobre la arena, el mar, las cremas solares, el calor en las ciudades y esos aromas capaces de devolvernos de golpe a un recuerdo. Más información
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