La menopausia cambia por completo el cuerpo de la mujer, incluida la zona pélvica. «Cambia la zona externa de la pelvis, la vulva, pero también la parte interna, la vagina. Hay, fundamentalmente, un adelgazamiento de la capa interna, la mucosa, de la vagina», asegura la fisioterapeuta Inés Ramírez, fundadora de la clínica RAP Barcelona –las siglas hacen referencia a las palabras «reeducación abdomino-pelviana»–, junto a Laia Blanco y Stéphanie Kauffmann. Las tres, conocidas como las «RAPeras», están especializadas en suelo pélvico y además son autoras del libro ‘Placer en la menopausia’ (Plataforma Editorial), «una guía para entender todo lo que pasa en tu suelo pélvico».
Durante años, la menopausia ha sido tratada como un tema incómodo, médico o inevitablemente negativo. Sin embargo, este libro rompe con ese relato y propone una mirada distinta: la menopausia como una transición fisiológica potente que puede vivirse con bienestar, placer y autonomía cuando se comprende y se acompaña adecuadamente. La clínica RAP Barcelona, creada en 2003, fue pionera a la hora de tratar todas estas problemáticas.
Capacidad elástica
Así, sentir placer en las relaciones sexuales durante la menopausia es posible. Normalizar el dolor que en ocasiones se puede sentir es un error. Entrenar la zona pélvica con fisioterapia ayuda a paliar este y otros síntomas. «Con la menopausia la elasticidad de la vagina se pierde y eso hace que el coito sea más doloroso. Esta es una de las cosas que más se percibe», aseguran las «RAPeras».
Tanto es así que muchas mujeres –y lo dicen porque lo han visto en la práctica clínica– llegan a pactar con sus parejas el no tener relaciones sexuales. «A la menopausia también está asociada la sequedad vaginal, lo cual no ayuda en nada», explica Ramírez. Hay mujeres que no solo tienen que usar un lubricante para tener relaciones sexuales, sino en su día a día, ya que el «simple roce» les genera picazón. A través del «tacto vaginal» y de generar «estiramientos» —siempre sin dolor—, la fisioterapia pueda ayudar a las mujeres a mejorar su capacidad elástica.
También se usa radiofrecuencia para ayudar al «riego sanguíneo», ya que «uno de los efectos de la menopausia es la bajada de estrógenos», que precisamente hace que también disminuya el riego sanguíneo en esta zona. «La radiofrecuencia también ayuda a la regeneración de tejidos», cuenta Ramírez. «También enseñamos a hacer ejercicios de contracción de suelo pélvico, después relajación, enseñamos a mover la pelvis, y hay ejercicios que combinan suelo pélvico y abdomen».
Gran prevalencia
Todo esto es lo que se conoce como síndrome genitourinario de la menopausia (SGM), una condición crónica derivada del descenso de estrógenos que afecta a la vulva, vagina y vías urinarias y que provoca sequedad, ardor, dolor en las relaciones sexuales (dispareunia) y problemas urinarios. Afecta al menos al 50% de mujeres y hay estudios que señalan que llegan a sufrirlo hasta el 70%.
«Hemos escrito este libro porque llevábamos muchos años tratando a mujeres con menopausia o postmenopausia a las que nos hemos dado cuenta que les faltaba información», dice Ramírez. «Somos las tres feministas y vemos totalmente necesario que la información llegue a las mujeres», señala por su parte Blanco. «Muchas mujeres no se han atrevido a ponerse en un espejo y explorarse», añade. «Además, todas estas son patologías muy prevalentes. No hay que asumir que a los 60 años ya te toca sufrir sequedad vaginal o tener dolor en las relaciones sexuales», concluye Kauffmann.
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