Hala observa a sus hijos desde bien cerca. Hace semanas que no van a la escuela, igual que muchos otros niños en todo el planeta. Las vacaciones de verano son, para las familias, una oportunidad de pasar más tiempo juntos y divertirse. Pero los hijos de Hala son libaneses y su absentismo escolar no se debe a ningún motivo alegre. «No tenemos nada que hacer, no sabemos cuándo podrán volver a la escuela», explica a unos pocos metros de distancia de la tienda de campaña que le sirve de hogar improvisado. «Ni tampoco si la escuela seguirá existiendo cuando volvamos», susurra, con una dosis de realismo que prefiere no compartir con su prole. La reciente ofensiva militar israelí en el Líbano ha sumado otros meses más de interrupciones académicas a la infancia libanesa agravadas por la inestabilidad y el desplazamiento. El supuesto alto el fuego no ha traído solución.
Unicef, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, lleva semanas elevando la voz de alarma. Al menos 100.000 niños en el Líbano podrían quedarse sin aula cuando comience el próximo año académico, a menos que se tomen medidas urgentes antes de septiembre para reparar y restaurar las escuelas dañadas por el reciente conflicto. «El sistema educativo se sigue enfrentando a un gran desafío urgente que es no sólo crear condiciones para que los niños y las niñas puedan recuperar los meses perdidos a causa del conflicto, sino también garantizar que cada uno tenga un lugar seguro donde puedan aprender cuando el nuevo año escolar empiece en septiembre», explica Marcoluigi Corsi, representante de Unicef en el Líbano.
Interrupciones constantes
La reciente guerra, que también mató a 253 niños e hirió a más de un millar, ha sido un escollo más en las constantes interrupciones académicas a las que se enfrentan los niños en el Líbano. Desde 2019, el país de los cedros es golpeado por una crisis tras otra. Ese año empezó la debacle económica, una de las peores en todo el mundo desde el siglo XIX, según el Banco Mundial. Meses más tarde, llegó la pandemia de coronavirus y, en agosto de 2020, tuvo lugar la explosión del puerto de Beirut. Mientras el país trataba de reconstruirse física y anímicamente, el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023 contra Israel tuvo reverberaciones en el país vecino hasta que en el otoño del año siguiente la guerra en el Líbano acabó por estallar.
«Durante los últimos seis o siete años, las crisis han continuado, por lo que si pensamos en un niño o una niña que hoy tiene 10 años significa que ha sido afectado por todas ellas», constata Corsi a este diario. Todas estas interrupciones reiteradas en la educación ya están teniendo consecuencias para estos niños por lo que respecta a su educación, su bienestar, su salud mental y las oportunidades de futuro. La falta de acceso a la educación también aumenta su vulnerabilidad a riesgos de protección, como el matrimonio infantil y el trabajo infantil. A todas estas pausas, que ya habían hecho que antes de la guerra de 2024 hubiera más de 700.000 niños fuera de la escuela sin aprender, se le suma el temor que susurraba Hala: la desaparición de los lugares de aprendizaje.
Escuelas dañadas
En la más reciente ronda de violencia, que se ha cobrado 4.333 víctimas mortales, cientos de centros educativos han sido afectados. Al menos 340 escuelas públicas, privadas y de formación técnica y profesional han resultado dañadas, incluyendo 17 que han quedado completamente destruidas. Así lo ha revelado una evaluación realizada en junio por el Ministerio de Educación junto a Unicef. Los daños alcanzan las zonas más afectadas por el conflicto, como el sur del país, el valle de la Becá y Beirut. Según el fondo de las Naciones Unidas, «si bien algunas escuelas sufrieron daños menores, muchas requieren una rehabilitación integral o una reconstrucción completa antes de poder recibir de forma segura a estudiantes y profesores».
Más allá de las escuelas dañadas, también hay cientos de centros inhabilitados para el retorno de los estudiantes. Los constantes bombardeos sobre el sur y el este del Líbano y los suburbios sureños de la capital desplazaron a 1,2 millones de personas. Cinco meses después del estallido de la violencia, aún hay 400.000 personas que no pueden volver a sus hogares. Muchas de ellas se están quedando en recintos educativos. «Por el momento hay 300 escuelas e institutos técnicos que siguen siendo utilizados como refugios colectivos», explica Corsi, aunque afirma que el Ministerio de Educación está intentando reducir el número de centros disponibles para que vuelvan a «ser lugares de aprendizaje para los niños«. Durante la guerra se habilitaron más de 1.200 centros para acoger a la población desplazada.
Lejos de la seguridad
El impacto sobre la infancia de todas estas interrupciones se ha agravado en los últimos meses y los expertos urgen en una pronta recuperación para evitar que las consecuencias sean irreversibles. «A parte de los efectos físicos y psicológicos causados por el trauma puede haber graves repercusiones a largo plazo en el desarrollo cognitivo emocional de los niños y las niñas y en la oportunidad de desarrollo en el futuro», constata Corsi. Un conflicto como la actual guerra en el Líbano altera las rutinas de todo el mundo, pero para los más pequeños eso significa alejarlos de sus hogares y sus escuelas, lo que implica destrozar su sensación de seguridad. «Claro que entienden lo que está pasando«, explica Hala desde un campamento de desplazados improvisado en el paseo marítimo de Beirut. «Que se acabe pronto», desea a este diario, al confesar que, también desde allí, escuchaban los bombardeos.
Para evitar perder más años de educación, algunas escuelas han optado por desempolvar los métodos de clases a distancia que idearon durante la pandemia y que tuvieron que renovar en la guerra de 2024. Pero no todos los niños pueden acceder a una buena conexión por internet que les permita asistir a las lecciones. Por eso, madres y padres, expertos y funcionarios insisten en la importancia de que las escuelas reabran. «Para los niños y las niñas una escuela es mucho más que un edificio, es un lugar donde aprender, sentirse seguro, reencontrarse con sus amigos y también comenzar a recuperarse de experiencias difíciles«, constata Corsi «Garantizar que los niños y las niñas puedan volver a la escuela no consiste únicamente en restaurar las aulas, sino también en proteger su bienestar, apoyar su recuperación y salvaguardar el futuro: es muy importante que puedan volver a las escuelas para continuar aprendiendo y para que vuelvan a sentirse en la normalidad», concluye.
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