Cuando era pequeña había un libro llamado No hay tiempo para aburrirse, lleno de actividades y manualidades, más amable que el actual Destroza tu propio diario. Ambos proponían algo sencillo: hacer cada día una página creativa y entretenerse.
Hoy ya no puedo hacerlo. Mis manos no me lo permiten. Sin embargo, me sorprende cómo la tecnología, Internet y las redes sociales, tan criticadas, me están regalando un verano distinto, pero pleno. Mi pódcast Independencia sobre ruedas y esta ventana en el periódico me permiten reivindicar lo que quiero desde otra trinchera con lo que puedo.
Quizás por ser adulta veo la vida con otros ojos. Disfruto viendo al peque de la casa bañarse en la piscina, aunque yo no pueda entrar. Sin nostalgia, solo con el placer de observar cómo ha aprendido a nadar y cómo disfruta, con la mirada orgullosa de su madre y también la mía.
La cara B de este verano es que muchos de los que creías amigos desaparecen tras el tiempo, como agua entre los dedos. Quedan pocos, pero son los que realmente valen la pena.
Y están esas amigas que llaman y dicen hay un acontecimiento: «No te preocupes, lo hacemos en tu casa, pero tienes que estar». Esa otra llamada que lo cambia todo, porque abre un proyecto que ilusiona y llena la vida.
La cara B de este verano es que muchos de los que creías amigos desaparecen tras el tiempo, como agua entre los dedos. Quedan pocos, pero son los que realmente valen la pena.
Mi gratitud a la meditación, al Hoponopono y a esta vida más contemplativa, que me enseña que también se puede disfrutar del aburrimiento. Al fin y al cabo, eso también es vivir.
Como dice la poeta Laura Chimaras en el poema que da título a esta columna: sé feliz no por aquello que nos enseñaron de la felicidad como una meta, sino porque decides serlo tú en los pequeños detalles de cada día.
Gracias a mi padre, a Patri, al nene Arian y a quienes siguen cerca de mí en este verano de semirreposo, acompañándome.
También con la tecnología tan denostada, mi pódcast Independencia sobre ruedas y a través de esta ventana de INFORMACIÓN.
A veces, una videollamada desde lejos acompaña más que la cercanía física de quien no aparece.
Respirar, observar y agradecer lo pequeño hace la vida más bonita.
Sé feliz. No hay tiempo para aburrirse. Vivir es hoy.
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