El primer partido de una Liga de, al menos, 42 jornadas no debe servir de agarradera para sacar conclusiones urgentes, por más que estas sean tan habituales. Tanto el resultado sea triunfo como derrota o empate. Así que el equipo, tras imponerse al Albacete con suficiencia, no se acerca al ascenso (con perdón), como no se hubiese encaminado al anonimato o el descenso si llega a empatar o perder. Conviene subrayarlo, aunque parezca obvio, porque la tentación pendular sobrevive temporada a temporada.
Fijado este marco tras el cambio de entrenador y, de momento, la salida de once jugadores y la llegada de seis nuevos, lo prudente es el análisis sobre qué ha variado respecto a la propuesta que la campaña pasada acabó en fracaso (con perdón), sin ni siquiera llegar a la final por el ascenso después de no conseguir el billete directo. Por lo visto frente al conjunto manchego, muy inferior económica y futbolísticamente, la idea de Rubén de la Barrera parece más atractiva que la de Luis García. Anuncia algo más de movilidad en el ataque organizado para acelerar en busca de espacios con mayor libertad de los centrocampistas sin jugar amarrados al retrovisor. Solo el tiempo y la destreza de técnico y futbolistas dirá si marcan diferencias, si son capaces de conjugar control con profundidad.
En la primera parte se acercaron a esa idea con un 60% de posesión y ocho remates, si bien solo se tradujo en gol una combinación en la frontal entre Fuster y Miyashiro, intercambiados, que Jesé cruzó al primer toque desde el centro del área. También es cierto que el Albacete pudo haberse adelantado en sendas ocasiones consecutivas de Corpas en los minutos 15 y 16. Con Kirian como omnipresente director de juego, incluso entre los centrales, escudado por Sergio Ruiz y Fuster en forma de triángulo con este más adelantado se llegó el descanso con la sensación de partido controlado, sin más borrón que los problemas de Caro para sacar el balón a distancia.
Además del modelo de juego, el otro factor comparativo es la confianza firme en la tan cacareada como denostada cantera, más allá de suplir a lesionados y minutos postreros. Pues tampoco muchas diferencias, salvo la aparición de Rafa Cruz con más de media hora para dejarse ver. Con García, lo habitual eran dos o tres titulares canarios no precisamente jóvenes, todo lo más cuatro si había otros lesionados, como en el último partido en Málaga (Álex Suárez, Kirian, Viera y Jesé). En el debut del nuevo curso han sido seis, pero con pinta de espejismo en el caso de Pezzolesi e incluso de Álex Suárez y Herzog, que para algo se ha fichado a Opoku y Bonfanti, dos “toros”, según el presidente, mejores que Barcia y Mika. A priori, parece mucho decir.
La tercera incógnita por despejar, aparte del juego y el papel de la cantera, es el reenganche de una afición a la que se aburrió durante la pasada Liga hasta ir vaciándose el Gran Canaria, incluso con pitadas sonoras. Pues otra campaña más el inicio de curso ha contado con un apoyo admirable después de tantas decepciones, aunque en al segunda parte hubo amago de pitadas al adelantar líneas el Albacete e ir sumando ocasiones en las mismas narices de Caro, que tuvo que salvar una in extremis en el minuto 63, hasta acabar empatando producto de la endeblez defensiva local en un córner, ya en el tramo final, y de la pérdida del control del balón. Menos mal que Sandro, tras un saque de falta y en pared excelsa con Elías, evitó en el penúltimo minuto el eclipse parcial de fútbol que se cernía sobre el Gran Canaria.
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