El Misteri d’Elx se convirtió en Patrimonio de la Humanidad hace 25 años y pese a la promoción que se ha venido haciendo de él todavía sigue sorprendiendo a multitud de ilicitanos, que todavía no han tenido la suerte de presenciarlo, o de visitantes atraídos por el embrujo de un drama sacro-lírico único en el mundo. Este 15 de agosto quedó acreditado que entre la marea de fieles que cruzaron el umbral de la basílica de Santa María, o que se quedarón a las puertas de La Festa también había turistas entusiasmados por ese momento culmen en el que la patrona de Elche fue coronada entre una lluvia de oropel.
Fiestas
No hubo manera mejor de ponerle un broche dorado a las Fiestas en honor a la Maredéu, de las más intensas que se recuerdan, tras la resaca emocional de una Nit de la Roà en la que miles de personas se echaron a las calles para velar el cuerpo yacente de la Virgen de la Asunción mientras otras decenas de miles festejaban en racós y barracas.
Puerta Mayor
Tras la procesión entierro por la mañana, el cortejo enfiló a media tarde del sábado la basílica desde la Casa de la Festa mientras una marea de familias aguardaban en la Puerta Mayor para recibir a los apóstoles y a las Marías, así como a las autoridades entre las que se encontraba el obispo de la Diócesis Orihuela-Alicante José Ignacio Munilla acompañado del alcalde, Pablo Ruz, y patronos, mientras que los invitados, la mayoría representantes de colectivos festeros de la ciudad, aguardaban dentro.
Sensaciones
Hubo grupos de más de un centenar de personas que, aprovechando que se abrieron todas las puertas principales para que corriera algo el aire, se tuvieron que conformar con sentir los ecos de los cantores y escolanos desde el exterior porque, literalmente, no cabían en algunos de los extremos con mayor visibilidad como Amparo Amorós, natural de Novelda pero afincada en la ciudad que acudía junto a su pareja y con un bebé. «He venido ya a 11 ensayos, incluso acudía con el librero, cada año se descubre una cosa nueva», relataba. Para Ildefonso Mozas, en cambio, resultaba imposible recordar su primera representación. Su padre lo llevaba desde niño y confesó que entonces el Misteri le parecía «muy aburrido», aunque con los años aprendió a disfrutarlo, e incluso con la sensación de que cada año la predisposición de la gente se supera.
Lleno absoluto
La basílica registró un lleno absoluto, desde la nave central hasta los balcones. Tal era la litúrgica concentración que subió la temperatura dejando cierto efecto sauna en el ambiente, tanto que el bochorno en la calle en medio de una alerta amarilla que nubló el día no era nada comparado con lo que se sentía en el interior.
Había quienes al no conseguir un sitio con buenas vistas iban entrando y saliendo para que les diera algo de brisa con tal de recomponerse del sudor por el alto nivel de humedad en el escenario del drama asuncionista. Los ventiladores colocados en puntos estratégicos como el Cadafal hicieron su función pero se quedaron cortos para poner remedio a una sofocante estampa en la que inevitablemente sobresalió el tintineo constante de abanicos y pay-pays como el que editó el Patronato y el Ayuntamiento con la obra de Dolça Quesada.
Anécdotas
Justo en el arranque servicios de emergencias tuvieron que atender a una niña por una supuesta bajada de azúcar, aunque no trascendieron más indisposiciones por la alta afluencia y el calor a diferencia de los ensayos, cuando uno de los niños que formaban el Araceli así como San Pedro terminaron mareados por una suma de factores, desde los nervios de los primeros días hasta el calor. Esta vez la anécdota de la jornada la protagonizaron San Juan y el Gran Rabino, cuando en un golpe de ímpetu mientras recorrían el andador representando el forcejeo entre la judiada y los apóstoles terminaron por los suelos y uno de ellos perdió por apenas unos instantes su peluca, aunque solo cayeron en la cuenta de este detalle quienes estaban en primer plano.
Lo destacable de la jornada podría decirse el cariño que le dedicaron más de un millar de personas pendientes de cada gesto, los que podían ver, eso sí. Ya desde la sobremesa había visitantes buscando sitio para tratar de coger buen ángulo con tal de no resignarse a zonas con muy corta visibilidad como algunos bancos junto a las tribunas, donde no se veía la acción desde el cadafal y costaba ver la tramoya aérea. Quienes terminaron sentados en estos enclaves afinaron el oído para emocionarse percibiendo los momentos apoteósicos como cuando el cielo se abrió para coronar a la Maredéu mientras caía una lluvia de oropel y retumbaban los acordes del órgano gracias a la maestría de Ramón Cano.
Vivas
Casualmente en ese gran desenlace con emoción máxima es cuando menos abanicaba el público porque estaba completamente expectante como el alcalde, que sentado en la tribuna de invitados del Ayuntamiento junto a la ministra de Ciencia e Innovación, Diana Morant, y la consellera de Industria Marian Cano, se mostró completamente eufórico lanzando vivas a la Virgen mientras la patrona bajaba coronada rodeada de ángeles encarnados por niños como Tulio Salido, que se estrenaba un 15 de agosto tras su debut en estos últimos ensayos.
La representación, que duró algo más de una hora, hizo las delicias de los presentes que inmortalizaron con sus móviles algunos de los momentos más icónicos, desde la entrada de los cuatro apóstoles para invitar a las Marías a participar en el sepelio de la Virgen hasta la entrega de la palma dorada a San Juan o la parálisis de uno de los judíos tras intentar tocar el cuerpo de la Virgen, acción que desató que terminaran bautizados e incorporándose a un cortejo mientras ascendía el alma de la Virgen antes de que bajase la Santísima Trinidad para coronar a María como Reina de la Creación. La estampa de la patrona coronada puso el broche entre tracas por el centro histórico.
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