Unas 2.500 personas se han manifestado este sábado en Sóller (Mallorca) contra la masificación turística en una protesta histórica que transcurrió por el centro del municipio bajo el lema ‘Sóller al límit’, promovida por Menys Turisme, Més Vida y Moviment Jove Sóller y respaldada por más de 80 entidades de Mallorca. La marcha se desarrolló sin incidentes y contó con un amplio dispositivo policial a cargo de la Guardia Civil, que desplegó más de 25 vehículos y decenas de agentes para garantizar la seguridad y evitar posibles incidentes.
La movilización puso de manifiesto el creciente descontento de una parte de la ciudadanía con el modelo de turistificación de Sóller y del conjunto de la isla. Los participantes reclamaron a las distintas administraciones que adopten medidas para hacer de Mallorca un territorio más habitable para sus residentes, reducir la presión turística y facilitar el acceso a la vivienda.
La cifra de asistentes, sin embargo, fue objeto de distintas valoraciones. Mientras las entidades convocantes, Menys Turisme, Més Vida y Moviment Jove Sóller, cifraron la participación en unas 2.500 personas, fuentes policiales situaron la asistencia en torno a las 1.500.
La manifestación comenzó a las 10 horas en la plaza dels Estiradors (plaza de los Estiradores), donde se concentraron los participantes antes de iniciar el recorrido. La marcha avanzó por las calles de Santa Teresa y Sa Lluna (La Luna) hasta alcanzar la plaza de la Constitución, frente al Ayuntamiento de Sóller. Al frente de la protesta se situó una gran pancarta con el lema «Sóller al límit» (Sóller al límite), que resumía el mensaje central de la convocatoria.
Durante el recorrido se pudieron ver numerosas pancartas con mensajes relacionados con la masificación turística, el acceso a la vivienda, la presión sobre el territorio y las dificultades que afrontan los residentes para poder desarrollar su vida cotidiana en la isla. Los manifestantes también corearon numerosas consignas y realizaron pitadas a lo largo de la marcha.
Entre los lemas más repetidos se escucharon «Qui estima Mallorca no la destrueix» (Quien ama Mallorca no la destruye), «Ni gent sense casa, ni cases sense gent» (Ni gente sin casa, ni casas sin gente), «No hi ha on aparcar amb tant de rent a car» (No hay dónde aparcar con tantos coches de alquiler), «Estam cansats d’estar massificats» (Estamos cansados de estar masificados), «Visca la lluita del poble mallorquí» (Viva la lucha del pueblo mallorquín), «No és turismofòbia, és mallorquicidi» (No es turismofobia, es mallorquicidio), «Sense límits no hi ha futur» (Sin límites no hay futuro), «Mallorca no es ven, Mallorca es defensa» (Mallorca no se vende, Mallorca se defiende) y «Mallorca per viure, no per sobreviure» (Mallorca para vivir, no para sobrevivir). También se corearon mensajes como «Treball precari, benefici immobiliari» (Trabajo precario, beneficio inmobiliario), «Els carrers seran sempre nostres!» (¡Las calles serán siempre nuestras!), «Fora rendistes dels nostres barris» (Fuera rentistas de nuestros barrios) y «Santa Maria, jo també ho faria» (Santa Maria, yo también lo haría).La movilización transcurrió con plena normalidad desde el inicio hasta su finalización. La presencia de la Guardia Civil, con respaldo de la Policía Local, fue especialmente visible durante toda la jornada, con más de 25 vehículos y decenas de efectivos desplegados en distintos puntos del municipio.
Críticas al modelo turístico
Una vez llegada la marcha a la plaza de la Constitución, representantes de las dos organizaciones convocantes dieron lectura al manifiesto de la protesta frente al Ayuntamiento de Sóller. El texto fue leído por Sofia Zamrik, en representación de Moviment Jove Sóller, y Dani Comas, de Menys Turisme, Més Vida. La intervención fue interrumpida en varias ocasiones por los aplausos de los asistentes.
El manifiesto comenzó reivindicando el vínculo de los convocantes con el municipio. «Hoy estamos aquí porque amamos Sóller. Precisamente porque lo amamos, nos negamos a ver cómo se convierte, año tras año, en un lugar donde vivir es cada vez más difícil», señalaron los organizadores, antes de proclamar que «Sóller està al límit» (Sóller está al límite).
Las entidades denunciaron que las instituciones han convertido el turismo en su «única apuesta económica» y criticaron un modelo que, a su juicio, entiende el territorio principalmente como una mercancía y mide el éxito en función del número de visitantes.
El manifiesto denunció las dificultades que genera la presión turística sobre los residentes. Los convocantes hicieron referencia a los problemas de movilidad y transporte, a la imposibilidad de muchos trabajadores de emanciparse debido al precio de la vivienda y a la incertidumbre de las familias ante las renovaciones de sus contratos de alquiler.
También denunciaron la transformación del comercio local, con establecimientos que durante décadas han formado parte de la vida cotidiana de Sóller y que, según señalaron, están siendo sustituidos por negocios orientados principalmente al consumo turístico.
Otro de los ejes del manifiesto fue la pérdida de espacios de uso ciudadano durante los meses de mayor afluencia. Los organizadores aseguraron que muchos sollerics han dejado de sentirse cómodos en lugares como el Port de Sóller o la plaza de la Constitución durante el verano y lamentaron que «las calles han dejado de ser espacios de convivencia para convertirse en espacios de consumo».
También hubo reivindicaciones de carácter medioambiental, especialmente relacionadas con la presión que soporta el litoral. Se denunció la elevada presencia de embarcaciones en el Port y sus efectos sobre los ecosistemas marinos, además de cuestionar que Sóller y el conjunto de la Serra de Tramuntana continúen promocionándose turísticamente pese a la fragilidad del territorio.
Derecho a la vivienda
La vivienda ocupó un lugar destacado durante la lectura del manifiesto. Los organizadores recordaron que la Constitución reconoce el derecho de todos los ciudadanos a disfrutar de una vivienda digna y establece la obligación de los poderes públicos de promover las condiciones necesarias para hacerlo efectivo y regular la utilización del suelo para impedir la especulación.
En este sentido, exigieron a las administraciones que «escuchen» las reivindicaciones del movimiento y que “asuman sus obligaciones” para garantizar el acceso a una vivienda digna.
El manifiesto también vinculó la protesta de Sóller con las movilizaciones celebradas en otros puntos de Mallorca. Los convocantes recordaron la manifestación del pasado 26 de julio en Palma, que, según señalaron, reunió a más de 70.000 personas, y denunciaron los intentos de «desanimar» la movilización social.
Asimismo, expresaron su rechazo a la «criminalización» de dos jóvenes de Santa Maria y del movimiento contra la turistificación, además de condenar la actuación policial registrada durante la manifestación de Palma. No nos dan miedo ni harán retroceder a un movimiento ciudadano y pacífico», afirmaron Zamrik y Comas, quienes reivindicanron la continuidad de las movilizaciones en el resto del archipiélago.
El manifiesto concluyó con una declaración de principios que sintetizó el espíritu de su protesta: «Porque ninguna economía puede considerarse un éxito si obliga a su propia gente a abandonar su casa». Los organizadores aseguraron que continuarán movilizándose para defender el derecho a una vida digna y cerraron su intervención con una apelación directa al territorio: «Porque quien quiere esta tierra, no la vende, la defiende. Porque quien quiere Sóller, no lo explota. Porque quien quiere Mallorca, no la destruye”.
La protesta concluyó con una actuación de la glosadora Cati Eva Canyelles y de los cantautores Júlia Colom y Pere Andreo y la interpretación del himno de Mallorca.
La manifestación se desarrolló en una plaza sin terrazas y con todos los establecimientos turísticos cerrados. Muchos turistas observaron en primera persona la protesta ajenos a las proclamas contra la saturación.
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