La idea de un trabajo para toda la vida ha quedado obsoleta. Las crisis económicas, los cambios tecnológicos y las circunstancias personales obligan a una constante adaptación. La historia de Laura Hernández es un claro ejemplo de ello: a sus 40 años, ha tenido tres vidas profesionales completamente distintas, pasando de ser arquitecta técnica a enfermera y, finalmente, a desarrolladora de software e inteligencia artificial.
Del ladrillo a la sanidad
Laura Hernández inició su carrera como arquitecta técnica, una profesión que le gustaba pero que tuvo que abandonar por la crisis de la construcción en España. «Me dio un poco de pena, la verdad, pero también tenía como la ilusión de la nueva», ha explicado. Fue una decisión difícil que implicaba un gran esfuerzo, pero la desilusión con el sector la empujó a buscar un nuevo camino.
Con 26 años, y usando los ahorros de su primer trabajo, empezó a estudiar Enfermería, una carrera de cuatro años. Aunque disfrutó mucho el aprendizaje sobre el cuerpo humano y las prácticas, la realidad laboral fue un golpe. Se encontró con contratos muy precarios, poca estabilidad y condiciones que no eran «muy conciliadoras».
La difícil conciliación familiar
Tras casi tres años ejerciendo como enfermera, y con dos hijas pequeñas, la situación se volvió insostenible. Los horarios rotatorios, que incluían tardes, noches y fines de semana, le impedían pasar tiempo con su familia. «A mis hijas solamente las veía por las mañanas, antes de llevarlas a la guardería, al colegio, y se me hacía muy duro», ha confesado.
El salto definitivo a la tecnología
Animada por su marido, Laura decidió volver a empezar de cero una vez más, buscando una profesión con más flexibilidad. La solución fue un bootcamp de programación, un curso superintensivo de 12 semanas. «Ya me dijeron, despídete de tu familia, de tus amigos, y en 3 meses los vuelves a ver, porque era muy intenso», recuerda sobre la dureza de aquel periodo, en el que llegaba a casa a las once de la noche.
Asusta dejar todo y volver a empezar de 0 no ha sido fácil»
Ingeniera de software
El esfuerzo tuvo su recompensa inmediata. Antes de terminar el bootcamp, con 36 años, ya tenía una oferta de trabajo en la empresa donde sigue actualmente, cuatro años y medio después. Ahora, como ingeniera de software, utiliza la inteligencia artificial como una herramienta que «agiliza mucho» el trabajo, permitiendo hacer en una mañana lo que antes llevaba cinco días.
Aunque sus conocimientos técnicos anteriores no son directamente aplicables, Hernández asegura que sus experiencias previas le aportaron habilidades humanas como el trabajo en equipo y la comunicación. Curiosamente, no fue hasta que su historia se hizo conocida que dejó de ver su trayectoria como una sucesión de fallos. «Todos estos cambios en su día los viví como un fracaso«, admite, una percepción que ha cambiado al encontrar por fin su sitio.
Su viaje demuestra que reinventarse, aunque a veces sea por necesidad, es una oportunidad para construir sobre lo aprendido. A pesar de que «asusta dejar todo y volver a empezar de 0 no ha sido fácil», su mensaje para quienes se encuentren en una situación similar es claro: «Que no tengan miedo al cambio. Con ganas y con voluntad se consigue lo que te propongas«.











