Pintaba todo tan feo al descanso que el tanto de Peter Ademo que dio la victoria y el Memorial Carlos Lapetra al Zaragoza se festejó a lo grande. Más por lo que evitaba que por lo que otorgaba. Porque la remontada recompensaba la superioridad manifiesta del conjunto aragonés tras el descanso, pero convendría revisar con detenimiento una primera mitad en la que se agolparon las dudas y los nervios hasta el punto de provocar el primer runrún, que diría aquel, y la primera pitada de la grada como señal de advertencia clara.
El Zaragoza de dos caras mostró una bien fea antes del intermedio, periodo en el que solo ofreció motivos para la preocupación. Tiene un serio problema Saidu por su empeño en no echar un último vistazo antes de mandar el balón al central sin percatarse de si hay o no moros en la costa. La temeridad costó un tanto ante el Barbastro y alguno más el curso pasado, y estuvo a punto de dar el primer disgusto a la escasa parroquia local cuando Astiazaran rozó sacar provecho de la enésima negligencia defensiva de un Zaragoza incapaz de taponar esa sangría ni en verano ni en invierno.
Pero este Zaragoza en pañales, al que Ibai pretende impregnar de un estilo tan propio como difícil de asociar a las características de la plantilla, viene acumulando durante la pretemporada candidatos a la pifia del verano. A ellos se añadió Anartz Peña, que se comió a dos carrillos un remate manso de Astiazaran a un centro desde la izquierda para situar por delante al filial donostiarra y al Zaragoza, como acostumbra en los últimos tiempos en el Ibercaja Estadio, lastrado por ese remolque que parece aparcado a las puertas del modular.
Dirán que si es pronto, que el coche aún está en rodaje, que hace calor y que queda mucho por trabajar. Todo eso es tan cierto como que el Zaragoza de la primera parte volvió a ser un desastre. No porque acumulara errores, desajustes e inoperancia en las dos áreas, que también, sino porque no ofreció muestra alguna de encontrarse inmerso en ese proceso de asimilación del estilo identitario que obsesiona a Ibai. Solo la entrada de Terrer a la media hora por un Saidu que venía arrastrando una sobrecarga en los isquios, dotó de cierto sentido a un conjunto aragonés que estuvo cerca de encajar el segundo, por supuesto, por culpa de otros dos errores de bulto. El primero de Rubén Díez, al que uno no acaba de ver en el centro, que Mariezkurrena no aprovechó, y el otro de Pereira, que dejó el balón franco a Gorosabel para que el donostiarra también pecara de tener desviado el punto de mira.
Semejante catálogo de despropósitos acabó por hartar a los pocos miles de aficionados que advirtieron a los suyos que no están dispuestos a dejar pasar ni una. Tampoco en verano, por mucho que los resultados sean lo de menos y tal. A tres semanas del inicio de la competición, el Zaragoza se llevaba la primera pitada. Como si el tiempo se hubiera detenido. Como si todo fuera igual que hace unos meses. Como si fuera ayer…
El aviso, en todo caso, espabiló algo (poco) a los locales, que se acercaron tímidamente a las inmediaciones de Fraga aunque casi sin querer. Una falta directa botada por Cuenca y desbaratada en dos tiempos por el meta vasco ejerció de espejismo antes de que la Real B, de nuevo, llevara el peligro a través de Astiazaran, por supuesto, después de errores de Pinilla en el pase y de Carrillo en la marca para que Anartz desviara el disparo.
Medio equipo cambió Ibai a descanso para transformar a un Zaragoza mejorado sin una referencia arriba y con Cuenca corriendo a un espacio que Ander y un gran (de nuevo) Monzón son especialistas en encontrar. Cierto es que la forma de jugar de la Real B no será la más habitual entre los adversarios de Primera RFEF, pero no lo es menos que al Zaragoza le hace falta como el comer un punta rápido que vaya al espacio.
El empate llegó pronto. Una galopada de Pereira aliada con la fortuna acabó con el esférico en la bota de Jardí, que definió a la perfección. El Zaragoza seguía progresando conforme avanzaba hacia un once más titular en todas las partes del campo salvo arriba del todo, donde acabaron el duelo Vadillo, que estrelló una clara ocasión en Fraga, como punta y Tobajas, que protestó un penalti, justo por detrás.
Diego se acercó en dos ocasiones al gol en sendos balones parados, pero fue Ademo el que ejecutó la remontada al mandar a la red, a la segunda, un centro medido de Francho. El Zaragoza, animado por la gente de la casa, se llevaba el torneo. Su cambio de cara llegó a tiempo.
REAL ZARAGOZA: Anartz Peña (Westerveld, m. 46), Gabilondo (Francho, m. 46), Carrillo (Tachi, m. 46), Barrachina (Diego, m. 60), Pereira (Escudero, m. 60), Saidu (Terrer, m. 30) ((Vadilo, m. 60)), Rubén Díez (Ander, m 46), Hansson (Liso, m. 60), Cuenca (Ademo, m. 60), Pinilla (Jardí, m. 60) y Espiau (Monzón, m. 46) ((Tobajas, m. 69)).
REAL SOCIEDAD B: Fraga, Garro, Carbonell, Agote (Uranga, m. 81), Ropero (Isasa, m. 81), Calderón (Orobengoa, m. 69), Eceizabarrena (Teletxea, m. 69), Astiazaran, Soroeta (Osazuwa, m. 69), Gorosabel y Mariezkurrena (Larrañaga, m. 69).
GOLES: 0-1, m. 14, Astiazaran. 1-1, m. 56, Jardí. 2-1, m. 90, Ademo.
ÁRBITRO: Alberto Fernández. Amarillas a Escudero y Diego, del Zaragoza, y a Ropero, Soroeta, Garro, Fraga y Orobengoa, de la Real B.
INCIDENCIAS: 4.456 espectadores en el Ibercaja Estadio.
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