Con Nicaragua en el alma

Pocas veces he percibido tanta satisfacción interior como los días que llevaba visitando Nicaragua, en marzo de 1990. Días antes el Comandante Ortega había perdido las elecciones ante Violeta Chamorro, y todos nos preguntábamos hasta qué punto estaría dispuesto a ceder el poder institucional. Por medio del Rector de La Universidad regentada por los jesuitas de varias naciones, conseguí algo que parecía imposible: una entrevista cara a cara con el reciente perdedor, en su militarizado «centro de reflexión», como solía decirse en fuentes sandinistas. Nunca había pensado conseguirlo, pero una mañana soleada y húmeda, llegué al evidente escondite, tras haber venido a buscar un coche del entrevistado. Todo un detalle.

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