El repique de campanas y la tradicional subida de la bandera desatan las Fiestas de San Lorenzo, uniendo a sus gentes en torno a los festejos más coloridos de Las Palmas de Gran Canaria. El mes de agosto comienza con música y alegría en la Romería de la Ofrenda, celebrada este sábado entre los caminos de tierra y vegetación que rodean a un pueblo cargado de raíces. Como cada año, la cita reunió a cientos de personas que caminaron juntas al son de los cantos tradicionales, el agradecimiento a la tierra y el arraigo a las costumbres canarias, una parte fundamental de la identidad rural de esta zona.
El histórico Camino Viejo acogió a residentes, vecinos y visitantes que se enfilaron rumbo a la plaza del pueblo acompañados por cabras, ovejas y los bueyes que empujaban las carretas. En ellas, tenían todo lo necesario para no pasar ni hambre ni sed: huevos duros, bocadillos de chorizo, papas arrugadas con mojo, pellas de gofio o tortillas caseras, que bajaban con facilidad por el buche gracias a unos buenos vasos de vino o refrescos.
La comitiva de la romería por el Camino Viejo / LP/DLP
Arraigo y memoria de pueblo
Para muchos de los vecinos y vecinas, que llevan escrita adentro la palabra arraigo, este recorrido es una tradición a la que no pueden faltar ningún verano. El calor no es excusa para lucir los trajes tradicionales, que recuerdan a unos tiempos en que el paisaje era más verde y el Camino Viejo todavía se llamaba Camino Real.
Pequeños y mayores disfrutaron del recorrido con la música y la alegría de las parrandas de Guanarteme, Tenoya y Los Fiesteros, además de la agrupación folclórica Maresía y el taller folclórico Llanos Prieto. Por su parte, las seis carretas que elaboraron y repartieron comida a lo largo de la tarde corrieron a cargo de la Asociación de Vecinos Lugar de Lugarejo, la comisión de fiestas, El Reboso, Tasate, Hijos del Pueblo, El Román y La Mayordomía de Tamaraceite.

Una de las carrozas en la romería / LP/DLP
Entre piñas de plátanos y hojas de palmera
Sencillas pero bellamente decoradas, las carretas lucieron grandes hojas de palmera, pequeñas flores de colores y telas tradicionales canarias. Sus maderas también cargaban con carteles y simbologías alusivas al patrón de San Lorenzo, mientras que hubo otras que se dedicaron especialmente al público infantil con unos muñecos vestidos con trajes típicos y rodeados de enredaderas. Por supuesto, tampoco faltaron las grandes piñas de plátanos, producto estrella de San Lorenzo.
Como ya es costumbre en la Romería de la Ofrenda, que este año celebró su 34.ª edición, culminó con la donación de frutas, verduras y artículos no perecederos a Cáritas, destinándose a las familias más necesitadas. Pero las Fiestas de San Lorenzo no han hecho más que empezar, por lo que aún tienen por delante dos semanas de celebraciones. Y una de sus citas más esperadas es, sin duda, la Gran Quema de Fuegos Artificiales y el Volcán de Voladores, que tendrá lugar en la madrugada del 10 de agosto.
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