El Secadero II aspira a recuperar el espíritu de comunidad que durante décadas definió al barrio. O, al menos, el que aún pervive en la memoria de sus vecinos. Liliana Valerón y Echedey Trujillo evocan las tardes en la plaza de La Ilusión, el único punto de encuentro del vecindario, donde el juego y la convivencia marcaban el ritmo cotidiano. Hoy, esa imagen dista mucho de la realidad: el mural que da la bienvenida al espacio presenta un grave deterioro y lleva más de dos años vallado por riesgo de desprendimientos y el pavimento está agrietado y abollado.
La plaza celebró el pasado año su 40 aniversario, una efeméride que los residentes quisieron conmemorar con una rehabilitación integral del enclave. «Nos empezamos a mover porque queríamos celebrar el aniversario con la plaza arreglada», explica Valerón. La creación de este espacio estuvo vinculada a las reivindicaciones vecinales que, en su momento, exigieron al Ayuntamiento la dotación de servicios básicos para el barrio. Sin embargo, en estas cuatro décadas apenas se han llevado a cabo actuaciones de mantenimiento, más allá del rebaje de aceras realizado en 2013.
El progresivo abandono ha acelerado el deterioro de las infraestructuras, especialmente del mural situado en la fachada de una vivienda colindante. «Un día se cayó un cascote en la misma zona donde el día anterior estaba jugando mi hija», relata Trujillo. A raíz de ese incidente, se procedió a vallar el perímetro para evitar riesgos, aunque los vecinos insisten en que ya habían advertido previamente de su mal estado. La pieza, firmada por el artista Juan Guerra Hernández, permanece desde entonces cercada y continúa degradándose con el paso del tiempo.
Una infraestructura abandonada en el barrio. | ANDRÉS CRUZ
La necesidad de intervenir el mural abrió un conflicto sobre su titularidad. El Ayuntamiento sostuvo inicialmente que se trataba de un elemento privado, por lo que su reparación debía ser asumida por los propietarios. No obstante, los vecinos recopilaron documentación y contaron con el respaldo del propio autor para defender su carácter público. «Conseguimos que el Ayuntamiento nos diera la razón», subraya Valerón. Finalmente, la rehabilitación fue aprobada por mayoría en la Junta de Distrito, aunque la actuación aún no se ha materializado. Fuentes del Consistorio aseguran que están «estudiando la fórmula más adecuada para llevar a cabo una actuación de conservación».
A esta reivindicación se suman otras demandas como el arreglo del pavimento de la plaza, que se encuentra deteriorado por el peso de los coches que aparcan sobre él. La administración municipal informa de que está prevista una actuación de mejora durante este año. Sin embargo, los vecinos lamentan los dilatados plazos en los que atiende el Consistorio las peticiones.
El mural principal de la única plaza lleva dos años vallado por desprendimientos de cascotes
Hay demandas que llevan años sin resolverse, pese a haber sido respaldadas institucionalmente. Entre ellas figura la recuperación de un local municipal destinado originalmente a la asociación vecinal, actualmente cerrado y sin uso tras ser descartado por no cumplir con la normativa de seguridad. «Es uno de los pocos espacios que tenemos para el encuentro, junto con la plaza», lamentan los residentes, que solicitan su rehabilitación para devolverle su función social. El Ayuntamiento destaca que están «pendientes de realizar un estudio para su reforma».
Todas estas propuestas fueron presentadas en la Junta de Distrito a comienzos de año y aprobadas por unanimidad, con el apoyo de distintos grupos políticos. Sin embargo, denuncian que, meses después, no se ha ejecutado ninguna de las medidas acordadas. «Se aprueba todo, pero no se hace nada», resumen. Mientras tanto, los vecinos insisten en que el barrio no puede seguir esperando y reclaman una actuación integral que devuelva dignidad a un enclave que, durante años, fue el corazón del barrio del Secadero II.
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