Últimamente me ha dado por irme a andar allá por el canal, vamos, una idea loca y sin sentido que hasta la fecha lo que me ha reportado es un dolor de rodilla, una quemadura en la calva y sudar a chorro vivo. Ahora bien, a pesar de estos inconvenientes insoslayables, para ser justo, he de reconocer dos cosas: una, que lo mejor de esta actividad insensata es cuando terminas y te duchas; y dos, que entre los jadeos, el recuperar el resuello y el evitar que me pegue un parraque, me permite pensar en cosas en las que de ordinario no suelo reparar, como por qué la gente lleva chanclas con calcetines, qué necesidad hay de ponerle papaya a la sangría y por qué la gente celebra el verano con una paella, vamos, lo que se viene conociendo como «las paellas d’estiu».
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