Este martes 21 de julio el Consejo de Ministros aprobaba el anteproyecto de la ley antitabaco impulsado por el Ministerio de Sanidad de Mónica García y con el que el Gobierno busca aumentar las zonas libres de humo y adaptar la legislación vigente a los nuevos productos como los cigarrillos electrónicos. La iniciativa, que se enmarca en el Plan de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027, deberá todavía tramitarse en el Congreso y el Senado antes de su aprobación.
Tras conocerse el anteproyecto, desde la oposición ya han elevado el tono contra la norma y son ya muchas las voces que difunden bulos e informaciones falsas sobre los apartados que comprende esta nueva ley. Así, este jueves la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, tildaba la norma de “furibunda y ridícula”, así como que el Ejecutivo solo busca “aparentar que gobierna”. Sin embargo, con el fin de desmentir todas y cada una de las informaciones falsas que ya circulan entre la ciudadanía, la ministra de Sanidad ha compartido un hilo de mensajes en redes para tratar de matizar y aclarar los verdaderos propósitos de este proyecto de ley.
“Frente al ruido y los bulos de la nueva Ley Antitabaco, vamos con datos y ciencia”, comienza García. Así, en este conjunto de mensajes, la titular de la cartera de Sanidad desmiente que el Gobierno quiera beneficiarse económicamente y asegura que si realmente ese fuera el objetivo, promoverían “que se vendiera más tabaco”. “Llevamos veinte años haciendo exactamente lo contrario: dificultar que la gente empiece a fumar y ayudar a que cada vez más personas lo dejen”, detalla.
Además, la ministra subraya que por cada millón que el Estado ingresa con el tabaco, “gasta todavía más tratando cánceres, enfermedades cardiovasculares y respiratorias, a lo que hay que sumar bajas laborales, incapacidades, dependencia y pérdida de productividad”. “Subir el precio reduce el consumo, especialmente entre los jóvenes. La fiscalidad busca precisamente que se compre menos tabaco y que cada cajetilla contribuya más a financiar los servicios públicos que después tienen que atender las enfermedades que provoca”, explica la ministra del ramo en estos mensajes.
En esta misma línea, García pone de relieve que solo por inhalar humo ajena está comprobado que se puede enfermar y que la OMS advierte de que no existe un nivel seguro de exposición. “Respirar humo de segunda mano provoca cáncer de pulmón, enfermedades cardiovasculares e ictus, y el tabaco causa más de un millón de muertes prematuras al año entre personas que no fuman”, añade. Asimismo, sobre la prohibición de fumar en terrazas recogida en el anteproyecto de ley, la ministra matiza que aunque para un cliente “puede ser un rato”, “para quien trabaja allí puede ser toda la jornada”.
En un orden similar de las cosas, García también se pronuncia sobre aquellas informaciones que apuntan a que el Gobierno ataca a los fumadores con esta nueva ley y matiza que lo que pretenden es proteger a las personas fumadoras “de una adicción y protege a quienes tienen alrededor”. Además, sobre la decisión personal o no de fumar, la ministra aclara que lo es “mientras sus consecuencias sean personales”. “Cuando el humo lo respiran un camarero, un niño o la persona de la mesa de al lado, la decisión deja de afectar únicamente a quien enciende el cigarrillo”, sostiene.
Otro de los aspectos que se ha comentado tras conocerse el anteproyecto de ley son las consecuencias que se podrían derivar en la hostelería con la nueva norma. Sin embargo, la ministra recuerda que la patronal “hizo pronósticos similares cuando se eliminó el humo del interior de los bares y la catástrofe nunca llegó”. “Hoy la propia Hostelería de España presume de 166.000 millones de euros de facturación y 1,85 millones de empleos; parece que las cañas sobrevivieron perfectamente al aire limpio”, añade.
Playas, instalaciones deportivas y los hosteleros como ‘policías’
Al margen de todo lo anterior, la ministra de Sanidad ha puesto de relieve que de aporbarse esta nueva ley, España “será avanzadilla” en la Unión Europea. “La Unión Europea ya recomienda ampliar la protección frente al humo y los aerosoles a nuevos espacios públicos y exteriores; estamos cumpliendo el objetivo europeo, aunque algunos prefieran esperar sentados”, defiende. Y añade: “Esperar a que los veintisiete avancen exactamente al mismo ritmo suele ser una forma elegante de pedir que nadie se mueva”.
Otro de los aspectos que ha sido cuestionado ha sido el de prohibir fumar en las playas dado que se trata de un espacio abierto. “Las playas son espacios compartidos, frecuentados por familias y menores, y las colillas son uno de los residuos más persistentes y abundantes. Disfrutar de la playa no exige convertir la arena en un cenicero”, remarca García. Asimismo, añade que “deporte, infancia y tabaco forman una combinación difícil de defender”. “Los espacios dedicados a la actividad física deben favorecer hábitos saludables y evitar que fumar se presente como parte normal del entorno”, sostiene respecto a la prohibición en estos espacios.
Entre otras cosas, sobre quienes estos días vienen diciendo que los hosteleros deberán ejercer de policías, García apunta que “la inspección y la sanción corresponden a las autoridades”, mientras que los establecimientos “tendrán que informar y pedir el cumplimiento de la norma, como ya hacen con el alcohol a menores, los aforos o muchas otras obligaciones”. Además, la titular del ramo responde a quienes afirman que las nuevas restricciones serán “imposibles de controlar” y recuerda que “también se decía que sería imposible eliminar el humo del interior de bares, restaurantes, hospitales o centros de trabajo. Cuando la norma es clara, la mayoría la cumple y el comportamiento social cambia con rapidez”.
¿Hay problemas sanitarios «más urgentes»?
En otro orden de cosas, la ministra recuerda que el tabaco provoca 50.000 muertes evitables cada año “y una enorme carga de enfermedad”. “Un sistema sanitario responsable atiende las enfermedades y trabaja también para evitar que aparezcan”, sostiene. Sobre si la ley puede generar conflictos entre clientes y camareros, la ministra explica que “una regla común evita precisamente que cada camarero tenga que negociar personalmente con cada cliente”.
Además, también destaca que si ahora fuma menos gente es porque se han aporbado leyes, “impuestos, campañas y medidas de prevención. “Haber avanzado demuestra que las políticas funcionan y ofrece una razón para continuar, no para detenerse”, defiende. Asimismo, sobre quienes se refieren al anteproyecto de ley como “paternalismo sanitario”, la ministra señala que paternalismo “sería impedir que un adulto tome cualquier decisión sobre su propia vida. Proteger a terceros frente a un humo que no han elegido respirar es salud pública básica”.
Entre otras cosas, sobre la posibilidad de que esta ley enfrente a fumadores con no fumadores, la ministra pone de manifiesto que la ley lo que hace es establecer “una mejor convivencia”. “Quien quiera fumar conserva espacios para hacerlo y quien no fuma deja de verse obligado a compartir el humo. Las reglas claras reducen los conflictos”, añade.
Asimismo, la ministra descarta que en unos años la normativa pueda afectar también al interior de las casas y defiende que “la regulación se concentra en espacios públicos, lugares de trabajo y entornos donde hay menores o personas expuestas involuntariamente”. “Una casa particular y una terraza de uso público son cosas completamente distintas”, añade.
Por último, sobre la “ocurrencia ideológica” que algunos han utilizado para definir la normativa, la ministra de Sanidad ha puesto de relieve que “décadas de evidencia demuestran que las leyes de espacios sin humo reducen de forma significativa los infartos, los ictus y las enfermedades respiratorias; ignorar esos resultados para proteger un negocio basado en la adicción sí es una decisión ideológica”.
Asimismo, añade que esta ley “desarrolla, prácticamente punto por punto, el Plan Integral de Prevención y Control del Tabaquismo 2024-2027, elaborado con la participación del Ministerio de Sanidad, las comunidades autónomas, sociedades científicas, organizaciones de pacientes y entidades de la sociedad civil”. Y concluye señalando que “cada medida ha cambiado hábitos, reducido la exposición y conseguido que fumar deje de parecer inevitable en nuestra vida cotidiana”.
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