Se ofrecían para colaborar en el rodaje de videoclips para las redes sociales, atrayendo técnicos audivisuales como apoyo para influencers, cantantes en ciernes, creadores de contenido… pero lo que en realidad hacían era acechar a la presa para atracarla, convirtiendo el plató en una trampa.
La Policía Nacional y los Mossos d’Esquadra, en una operación conjunta, han desarticulado un entramado criminal que cazaba a sus víctimas en las redes sociales, y que se había especializado en los robos con violencia e intimidación. Madrid, Coslada, Badalona y Terrasa han sido las ciudades en las que han atacado. Cuatro son de momento los detenidos.
La base de la banda era Madrid, aunque también ha habido una detención en A Coruña. Los agentes atribuyen a los detenidos delitos de robo con violencia, detención ilegal, secuestro y lesiones. Dos de ellos están ya en prisión. La Policía ha difundido este sábado que la operación sigue abierta, sin descartar nuevas detenciones.
Los criminales ahora capturados están acusados de acechar y seleccionar a sus víctimas en las redes sociales. Por esa vía entraban en contacto con cámaras de televisión, expertos en edición de vídeo y técnicos de realización ofreciéndoles un trabajo: la edición de un vídeo musical.
La trampa
Los atracadores alquilaban un local a nombre de terceras personas a las que habían usurpado su identidad. Ese local era el que ofrecían para la realización del vídeo. Cuando la víctima llegaba al lugar de la cita con todo su equipo, un miembro de la banda la estaba esperando en la puerta y la acompañaba al interior. Dentro, los supuestos actores y cantantes ya estaban preparados con pasamontañas y cascos de moto. Al cámara le habían dicho que esa forma de taparse la cara era parte de la idea del vídeo… hasta que sacaban las armas.
Las víctimas han relatado amenazas con cuchillos e incluso armas de fuego. Y que en ocasiones los ladrones se tapaban con bufandas e incluso con globos. Una vez exhibidas las armas, amordazaban al técnico para quitarle su equipo, sus cámaras y ordenadores.
El atraco no paraba ahí: también le quitaban el teléfono, y le exigían las claves de banca online para desvalijarle la cuenta. En esa vía concreta reunieron un botín de 70.000 euros.
Cuando acababan de robar, dejaban a la víctima atada advirtiéndole de que no saliera de allí en dos horas. A quien se resistía le esperaba una paliza.
Los agentes, que llevaban investigando a este grupo criminal desde que, en 2025, empezaron a llegar denuncias anónimas, consideran que el grupo había ido forjando una «gran profesionalidad» asentada a lo largo del teimpo en su particular modalidad delictiva.
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