Una investigación ha observado una relación entre la exposición prolongada al ruido del tráfico rodado en las viviendas con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson, luego de realizar un seguimiento durante 18 años a más de 3 millones de participantes daneses de más de 40 años de edad.
Vivir cerca de carreteras muy ruidosas podría no solo afectar al descanso o al estrés, sino también a la salud neurológica. Una investigación danesa publicada en la revista JAMA Neurology vincula el ruido del tráfico en las viviendas con un aumento del riesgo de Parkinson.
El estudio, que siguió durante 18 años a más de 3,1 millones de personas mayores de 40 años, halló una asociación entre el ruido del tráfico en las fachadas de las viviendas y una mayor probabilidad de padecer esta dolencia neurodegenerativa.
El ruido ambiental como factor de riesgo
El trabajo, que marca el mayor esfuerzo científico hasta el momento sobre esta relación, parte de una pregunta concreta: ¿el ruido ambiental puede comportarse como un factor de riesgo modificable para el Parkinson?.
Para comenzar a hallar una respuesta, los investigadores reconstruyeron la historia residencial de los participantes desde 1990 y calcularon su exposición al ruido del tráfico en la fachada más expuesta y en la menos expuesta de cada domicilio. Durante el seguimiento, 20.587 personas desarrollaron Parkinson.
El efecto «fachada tranquila»
Los resultados apuntan a un efecto modesto, pero evidente. Por cada incremento de 11,5 decibelios en el ruido de la fachada más expuesta, el riesgo de Parkinson aumentó un 3 %.
Además, contar con una “fachada tranquila”, con una diferencia de al menos 10 decibelios entre el lado más ruidoso y el más silencioso de la vivienda, se asoció con una menor probabilidad de enfermedad. En otras palabras, no solo importa cuánto ruido rodea a la casa, sino también si existe un espacio doméstico protegido del tráfico.
Una relación firme
La relevancia del hallazgo va más allá de las cifras, según destaca The Guardian. Los autores sostienen que la asociación se mantuvo tras ajustar por variables individuales y de área, incluida la contaminación atmosférica, y que los resultados fueron coherentes entre distintos subgrupos de sexo, nivel educativo, ingresos, tipo de convivencia y densidad de población. Incluso al incorporar datos de tabaquismo y actividad física en una subpoblación, la asociación persistió.
Referencia
Road Traffic Noise, Noise Difference Between Residential Facades, and Risk of Parkinson Disease. Mette Sørensen et al. JAMA Neurology (2026). DOI:https://www.doi.org/10.1001/jamaneurol.2026.2262
«Aunque la relación entre el ruido del tráfico y el riesgo de enfermedad de Parkinson ya se había estudiado en otras cohortes europeas y canadienses con resultados dispares, el nuevo estudio destaca por el tamaño de la población estudiada, la calidad de la estimación de la exposición y el efecto protector de la fachada silenciosa«, indicó a Science Media Centre la investigadora española Ana Isabel Rodríguez Pérez, de la Universidad de Santiago de Compostela, quien no formó parte del estudio.
La investigación sugiere que tener una zona más silenciosa en casa reduce parte de la asociación entre ruido vial y enfermedad de Parkinson. / Crédito: Iqro Rinaldi en Unsplash.
Efectos concretos sobre la salud
El Parkinson es uno de los trastornos neurodegenerativos con mayor crecimiento a nivel global: hallar relaciones entre su desarrollo y factores ambientales implicados se ha vuelto eje de numerosos estudios.
De esta manera, la investigación refuerza la idea de que el ruido urbano no es solo una molestia, sino un posible problema de salud pública. Los mecanismos biológicos propuestos incluyen la alteración del sueño, el aumento del estrés crónico, la inflamación y el estrés oxidativo, procesos que encajan con vías ya implicadas en la neurodegeneración.














