Hace unas semanas me regalaron el último libro de Estefanía Molina, “Los hijos de los boomers”, que actualmente se ha convertido en un mantra imprescindible para entender la situación económica y social que atraviesa nuestro país, donde no se divisa de forma clara un horizonte para aquellos hijos (en los que me incluyo) de aquella generación del baby boom que trabajó con esfuerzo y tesón para conseguir un estado de bienestar del que a día de hoy podemos seguir disfrutando, con un sistema de pensiones que sin duda es el gran talón de Aquiles de nuestros políticos.
La durabilidad y estabilidad del sistema de pensiones durante los próximos años no es algo nuevo, no es algo que hayamos empezado a escuchar hoy, por eso me cuesta mucho entender que no se esté trabajando en un mañana de una manera más concienzuda. Me da la sensación que la política de hoy en día se encarga de los temas que son noticia hoy, porque es lo que permite a la figura política continuar ocupando su sillón mañana, pero no se está pensando en qué pasará con esos jóvenes que hoy trabajan, aportan al sistema y que mañana no van a poder jubilarse por no disponer de una pensión digna que les permita disfrutar del descanso merecido del que sí disponen hoy sus padres.
Donde antes había 5 trabajadores que sostenían la pensión de un jubilado, hoy hay 3 y en unos pocos años serán dos…algo estamos haciendo mal…
La generación del Baby Boom fue aquella que nació impulsada por un anhelo de estabilidad y paz que comenzaba a vislumbrarse tras una guerra y una posguerra que nuestros abuelos y bisabuelos padecieron intensamente, pero que posteriormente daría paso a una época de prosperidad laboral y bienestar que las generaciones jóvenes actuales apenas podemos imaginar… Donde antaño las familias se sostenían con un único sueldo en el hogar, hoy nos vemos obligados a trabajar y a compartir gastos para poder subsistir, pues de otro modo resulta inviable emanciparse…
Donde antes había matrimonios capaces de adquirir una segunda residencia para veranear, ahora debemos hacer verdaderos malabarismos para que se nos conceda una hipoteca o encomendarse casi a los milagros para que nuestro casero no nos incremente excesivamente el alquiler… Donde antes existía una capacidad de ahorro que permitía vivir con holgura a las clases medias y altas, ahora hay grandes dificultades para llegar a fin de mes…Y lo de ahorrar…ya es realismo mágico para cualquier familia…
Cuando Mª Jesús Montero dijo que los abuelos no querían en realidad su pensión para ellos, sino para mantener a sus hijos o nietos, no se equivocaba…desde luego no es una afirmación de la que sentirse orgulloso. Cito textualmente un dato del libro de Estefanía Molina: “Más de un tercio de los padres mayores e 60 años dijo haber ayudado a sus hijos a llegar a fin de mes en 2023, según un estudio del BBVA, haciéndoles la compra o pagándoles la luz y el agua. Un 58,4% incluso reconocía haber apoyado económicamente a sus hijos más de lo que sus padres lo hicieron con ellos en su momento.”
Las generaciones posteriores a la boomer, hemos nacido con una situación que no elegimos, pero lo que sí podemos elegir es cómo cambiar el desenlace de la historia… Tenemos que empezar a pensar que el sistema de bienestar no es algo que nos venga dado, es algo que se construyó en su momento con mucho esfuerzo de todos, pero que hay que alimentar y trabajar día a día para poder sostenerlo.
Hace unos días leía una parábola llamada “El carpintero”, donde cuenta la historia de un trabajador que desea, después de muchos años, poder jubilarse y disfrutar de su tiempo. Mientras saborea ya el final de sus jornadas como trabajador y piensa en lo que le espera próximamente, su jefe le pide un último trabajo, le pide que construya una última casa de madera que el mismo jefe ha diseñado con mimo y detalle. El trabajador no recibe con la misma ilusión el trabajo y decide hacerlo con desgana, utilizando los primeros materiales que encuentra y trabajando de forma rápida para terminar cuanto antes. Cuando acaba el trabajo, el jefe se le acerca y le entrega las llaves de la casa:
- Esta es tu casa-dice- es mi regalo para ti.
Con esta reflexión termino, quizás, si todos tomáramos verdadera conciencia de que el esfuerzo que realizamos hoy constituirá nuestro futuro mañana, estoy convencida de que actuaríamos de manera distinta. Por ello, formulo aquí mi ruego: entendamos que el sistema no es un recurso del que sacar provecho indiscriminado, sino un soporte en el que sostenernos cuando exista una causa legítima y una herramienta con la que edificar, entre todos, un porvenir más prometedor.
Parémonos reflexionemos sobre ello, porque hoy, más que nunca, el debate exige realismo, responsabilidad y una mirada a largo plazo.
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