Un israelí de corazón granadino, Adam Montes, une con éxito la guitarra flamenca y la clásica en la Peña de la Platería

Hay biografías musicales apasionantes que parecen estar confeccionadas como el guion de una película. La de Adam Montes es una de ellas. Nació en Israel (1966) y tras comunicar a su padre que quiere seguir su oficio y dedicarse a la música, en concreto a la guitarra, su progenitor lo trae a Granada. Aquí comienza a aprender los fundamentos del flamenco y, siendo un niño, ya sabe lo que es tocar en las Cuevas del Sacromonte, que se convierten en su primera escuela de música. Tanta es la influencia que su nombre artístico lo toma de la calle principal de este barrio, el Camino del Monte, y decide llamarse Adam del Monte.

Inglaterra y Steven Spielberg

Completa su formación con estudios de guitarra clásica en conservatorios de Inglaterra y se convierte así en uno de los artistas que dominan el más español de los instrumentos en su vertiente clásica y flamenca. Su carrera está repleta de éxitos y se convierte en solista de formaciones del prestigio internacional de la Filarmónica de Los Ángeles y la Sinfónica de Chicago. Ha puesto su música al servicio de varias películas de Steven Spielberg y ha interpretado obras del aclamado John Williams. También cultiva la docencia a través de una cátedra en la Universidad de Los Ángeles. Otra de sus facetas es la composición. Acaba de estrenar en Nuevo México la ópera Lamento 1492, que sueña con representar en Granada, escenario de gran parte de la trama que concluye en la Alhambra.

Entre el flamenco, lo clásico y el jazz

Adam del Monte siempre termina volviendo a Granada. Es la fuente de su inspiración. Esta vez lo ha hecho de la mano del Festival de la Guitarra de Granada – Antonio Marín, con un recital celebrado en la Peña de la Platería, con la participación del percusionista Cheyenne. Al comenzar su actuación, mostraba su excelente memoria y recordaba que la última vez que tocó en este escenario fue hace 27 años. Su primera interpretación fue una soleá dedicada a uno de sus maestros, Pepe Habichuela, a la que siguió la minera titulada Sombra del Paraíso. Después mostró la influencia del jazz en su obra, con las alegrías Luz Verde. Dijo que sus compositores favoritos eran Bach y Albéniz y, de este último, escogió Granada, Torres Bermejas y Sevilla, todas ellas en versiones de raigambre flamenca.

En el camino de la fusión, tan en boga en las últimas décadas, ha dejado escrita la bulería Zambulé, donde, además de flamenco y jazz, se aprecian influencias de la música brasileña. Otras bulerías le sirvieron para rematar su concierto, que volvió a llenar las butacas del Festival de la Guitarra de Granada – Antonio Marín.

Este concierto de Adam Montes, además de mostrar la categoría del artista, mostró que es posible conjugar la guitarra flamenca y la clásica. Así sucedió con muchos intérpretes durante las décadas finales del siglo XIX y la primera del XX. Ahora, después de un aparente divorcio, salvo contadas excepciones, los dos géneros suelen ser cultivados por algunos artistas con un indudable éxito, como es el caso de este israelí de corazón granadino.

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