Cada año es peor. Los veranos se han vuelto poco confortables, poco agradables. El comentario en la calle es incluso más elocuente: esto se ha vuelto un infierno. Al calor, a las noches muy calurosas, a las aguas del mar cada vez más calientes, se suman los incendios forestales que van surgiendo aquí y allí y que resultan más difíciles de extinguir. Esta es la nueva realidad climática y ambiental de los veranos en España. Y los efectos más evidentes se viven en el litoral mediterráneo, sin duda. Porque en el sur peninsular puede hacer más calor en días de oleada sahariana y se alcanzan los récord de temperatura, pero el calor es más sostenido, menos soportable en la costa mediterránea, el gran espacio turístico, junto a Canarias, de nuestro país. Dia y noche se pasa calor. Y es difícil aguantarlo si no se dispone de algún mecanismo de enfriamiento del aire en las casas, comercios, bares…Nos disponemos ahora a afrontar una nueva advección de aire sahariano, la cuarta de la temporada o la quinta, porque la que ocurrió a finales de mayo no mereció la clasificación oficial de ola de calor, pero activó los mecanismos de almacenamiento térmico en el aire y el mar del presente verano. Poco que añadir. El verano 2026, al menos en junio y julio, está resultando muy caluroso. Los modelos estacionales lo anunciaban ya en mayo. Y de momento, se están cumpliendo, porque estos modelos ajustan muy bien la temperatura. Y para lo que queda del verano más calor. Y tormentas. Pero más calor. Y pendientes de lo que está ocurriendo en la cuenca del Pacífico sur, con un proceso de El Niño ya en ciernes que amenaza con convertir los próximos meses en un período de calentamiento atmosférico y oceánico importante. De momento, a pasar unas semanas más de calor, de incendios voraces y de noches poco confortables en la costa mediterránea. Es lo que tenemos. Un año más.














