Un año más, Alicante volvió a rendir homenaje este sábado a la Virgen del Carmen Coronada con la solemne procesión que cada mes de julio recorre las calles del casco antiguo, una de las manifestaciones de fe y devoción mariana más arraigadas de la ciudad.
A las 20 horas, el cortejo partió desde la basílica de Santa María para iniciar un recorrido que tuvo como uno de sus momentos más significativos el paso por la plaza del Carmen, enclave donde antiguamente se levantaba el convento en el que nació la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen Coronada, organizadora de esta celebración.
Durante el itinerario, la imagen realizó estación de penitencia en la Concatedral de San Nicolás antes de emprender el camino de regreso a Santa María, acompañada por centenares de fieles que llenaron las estrechas calles del centro histórico en un ambiente de respeto y recogimiento.
La Virgen procesionó ataviada con sus históricas vestiduras, obra del artista Tomás Valcárcel, y luciendo la emblemática corona de 1944. Bajo el paso, los costaleros, vestidos de blanco, protagonizaron las tradicionales «levantás», recibidas con emoción y aplausos por parte del público.
La edición de este año dejó, además, una imagen poco habitual al coincidir en fecha con la procesión con la celebración de la manifestación del Orgullo en Alicante. A lo largo del recorrido fue frecuente encontrar a personas con banderas arcoíris y otros símbolos del colectivo LGTBIQ+ que, al cruzarse con el cortejo, observaron con curiosidad el paso de la imagen.
También numerosos clientes de los bares y terrazas del casco antiguo, ajenos al recorrido procesional, se vieron sorprendidos por el paso de la comitiva, en una jornada en la que convivieron dos acontecimientos muy distintos que compartieron las calles del centro de la ciudad sin incidentes.
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