Empató el Celta en el primer amistoso de pretemporada, aunque en ocasiones se aproximara más a uno de competición. El cuadro celeste arrancó y finalizó con brío, desde dos alineaciones diferentes, distantes en propuesta y edades medias. Con propósitos de enmienda evidentes con respecto a la anterior campaña, pero también con elementos identitarios reconocibles. Y entre ellos, el carácter de Iago Aspas, incapaz de tomarse a la ligera incluso un partido como éste.
Claudio compuso dos alineaciones muy equilibradas. En la primera, sostenidos por pilares básicos como Marcos Alonso, Williot o Jutglá, conjuntó a las dos únicas incorporaciones adultas, Febas y Galán, con meritorios que buscan un sitio fijo entre los mayores, como Hugo González y Burcio.
El Celta salió a practicar fases que en la pasada temporada no siempre le funcionaron: la presión elevada y la salida en construcción. Insinuó mejoras en ambos casos aunque con la infrecuencia propia de un primer test en julio. Robó algunos balones y cosió un par de buenas asociaciones desde atrás. En general, careció de continuidad pero le sostuvo el ritmo a un Braga que en una semana afronta la previa de la Conference League contra el Pančevo serbio.
El Celta amenazó mientras le aguantó el fuelle y abrió el marcador en el minuto 8, en una internada de Williot, uno de sus arrebatos, que Hugo González culminó con un extraordinario disparo. El breve descanso no ha aletargado al valenciano (tampoco a Burcio), protagonista en el ascenso del Fortuna y que se encargó también de ejecutar todas las acciones a balón parado. La precisión de su pie derecho es un argumento poderoso en su alegato.
El Braga, más fresco pero a la vez conteniéndose por la inminencia competitiva, se apoderó del balón en el último cuarto de hora, cuando su mejor preparación física comenzó a pesar. El capitán, Ricardo Horta, amenazó primero ya al borde de un descuento que Carvalho culminaría rematando en el segundo palo un córner para empatar.
Si los amistosos también sirven para enviar o confirmar mensajes, ahí queda la titularidad de Coke por delante de Iván Villar tras el descanso. En general, prima la aritmética de la evaluación, la distribución del gasto o las molestias que algunos puedan sufrir. Claudio conformó un ataque cien por cien del Fortuna con Somuah, Angelito y Óscar Marcos, más Joel López en defensa. Un equipo menos estructurado, y más alejado de cualquier titularidad imaginable en LaLiga, pero también más frenético en su dinamismo.
La sucesión de sustituciones, con futbolistas apareciendo apenas 20 minutos sobre la cancha, suele desvirtuar siempre la calidad de los amistosos veraniegos, que se deshilachan conforme avanza el reloj. Nada había sucedido en el segundo tiempo, con un Celta animoso en la presión e impreciso en la coreografía ofensiva. El Braga tampoco había generado peligro hasta que Jonatas cabeceó nuevamente otro saque de esquina para culminar la remontada. Si acaso, los célticos, en el empeño de recuperar viejas virtudes, deberán también alejarse de viejos defectos.
Todos los minutos son especiales
Salió Iago, en fin, y aunque fuese en un choque insípido e irrelevante, su presencia lo convirtió en especial. Lo será cada minuto que esté sobre el césped en esta campaña de despedida. También reapareció Miguel Román, aquel actor secundario convertido en motor cuya lesión tanto afectó al Celta en la recta final de la pasada temporada, especialmente ante el Friburgo.
El nervio de Aspas, que se retirará exigiéndose al máximo, afinó la verticalidad del Celta en esos últimos minutos, con varias aproximaciones peligrosas; una del propio Aspas, en un disparo internándose desde la izquierda que le detuvo el portero. El equipo de Claudio no se dejó mecer en la desidia del calor bracarense. Exhibió orgullo y competitividad. Dos elementos esenciales para soñar con una hermosa temporada. Su premio fue el 2-2 definitivo, con un gran remate de Carlos Domínguez en un córner a un solo minuto del final.
Fuente: Faro de Vigo












