a la plaza de España solo le faltó una bola de espejos

Daría igual quién tocara aquí. Ver un concierto en el (perdón por el topicazo) “marco incomparable” de la plaza de España de Sevilla es un lujo. Pero si encima quienes actúan son Jamiroquai, los astros ingleses del funk y el acid jazz, la experiencia, además de inolvidable, es enormemente divertida. Solo faltó una gran bola de espejos flotando sobre la fuente.

El calor, insoportable durante la tarde, concedió una tregua en esta velada del Icónica Fest. El termómetro bajó hasta los 29 grados, que parecían menos. A las 22:02, los 12.000 asistentes se impacientaban y pedían con silbidos que empezara el espectáculo. Parecía que los británicos eran los sevillanos y no los músicos.

Escasos minutos después la banda salió al escenario, con el carismático Jay Kay al frente, su fundador y único miembro original que aún permanece en ella. Conocido por sus exuberantes atuendos, sombreros y tocados, apareció con fedora de fieltro morado, chaqueta verde de flecos y unas brillantes zapatillas Adidas, su marca fetiche. “¡Hola, Sevilla, España! ¡¿Cómo estás?!”, gritó en la primera de sus numerosas interacciones con el público.

El concierto, con diez personas sobre el escenario (acompañaban al cantante dos teclistas, bajista, guitarrista, baterista, percusionista y tres coristas) arrancó con “(Don’t) Give Hate a Chance”, con su llamamiento a la fraternidad tan apropiado para estos tiempos oscuros.

Las primeras impresiones fueron excelentes. La banda tocaba con mucho groove y el sonido era muy bueno: se percibían con nitidez las voces y todos y cada uno de los instrumentos.

El cantante Jay Kay durante el concierto de Jamiroquai este jueves en el Icónica Fest de Sevilla.


El cantante Jay Kay durante el concierto de Jamiroquai este jueves en el Icónica Fest de Sevilla.

Niccolo Guasti

A Kay se le veía en plena forma, tanto vocal como física. Salió con mucha energía al escenario y durante todo el concierto no paró de saltar, dar patadas al aire y bailar, con una destreza justo en el punto medio exacto entre Michael Jackson y tu cuñado en una boda, pero solo él podría hacer que el resultado de esa mezcla quede bien.

Después vino una tríada de grandísimos éxitos: “Little L” (que tuvo que volver a empezar por un problema con el micrófono), “Seven Days in Sunny June” y “Space Cowboy”.

En la pantalla principal, en sintonía con la estética disco-espacial-tropical-retrofuturista de la banda, bailoteaban unos monolitos al estilo de 2001: Una odisea del espacio, con pirámides de neón al fondo. Pero el gran espectáculo visual estaba en el juego de luces que se proyectaba en sincronía con la música a lo largo de toda la fachada semicircular y las dos torres diseñadas por Aníbal González en 1929.

Tras el saludo inicial, la segunda vez que Kay se dirigió al público fue para mandar un mensaje de ánimo a los afectados por el incendio de Almería. Dijo que apenas tres días antes de que ocurriera estuvieron allí haciendo las fotos de su próximo álbum, que verá la luz próximamente, y recordó que cuatro de sus videoclips fueron grabados allí. «De parte de todos nosotros queremos brindar nuestro apoyo. Nuestros pensamientos están con la gente de allí».

El cantante Jay Kay durante el concierto de Jamiroquai este jueves en el Icónica Fest de Sevilla.


El cantante Jay Kay durante el concierto de Jamiroquai este jueves en el Icónica Fest de Sevilla.

Óscar Romero

El siguiente mensaje fue por un motivo más alegre: “¡Así que vais a la final del mundial! Tengo que decir que jugasteis muy bien el otro día”, en referencia al baño que la selección española le dio a la de Francia en la semifinal. El público, como no podía ser de otra manera, respondió cantando el “oéoéoé”, y el líder de Jamiroquai se partió de risa.

No fue su único comentario futbolístico. En una breve pausa entre canciones, lanzó un irónico “¡Pausa de hidratación!”, para decir a continuación que el invento le parecía una tontería. “¿A 22 grados necesitan una pausa de hidratación? ¡Yo, que tengo 56 años, no lo necesito!”.

Para entonces ya se había cambiado de sombrero (ahora uno beige cuajado de brillantes) y de chaqueta (por otra, cómo no, Adidas), y más tarde se pondría su icónico tocado de plumas metálicas con efectos de luces.

En total fueron algo más de dos horas de concierto y solo 13 canciones, lo que da una media de 10 minutos por canción. Cada una de ellas se estira con introducciones jazzísticas, con variaciones, con modulaciones de tonalidad, con repeticiones de estribillos y con solos, sobre todo de percusión y guitarra. La apuesta nos parece acertada: en vez de tocar una lista interminable de las canciones menos conocidas, prefieren darle al público sus mejores temas en versión extendida.

En el repertorio entraron también otros himnos como “Alright”, “Canned Heat”, “Love Foolosophy” y “Cosmic Girl”, la más celebrada de la noche junto con el bis, “Virtual Insanity”, esa canción que habla de que el mundo está fatal, loquísimo. Con esa canción “viajamos a 1997, pero no ha cambiado nada desde entonces. El mundo está gobernado por diez locos. Estoy preocupado, pero estaremos bien”, opinó el cantante.

Lo que está claro es que nunca pararemos de bailar. Como dice “Disco Stays the Same”, otra de las canciones que sonaron esta noche (y adelanto de lo que será su noveno álbum), “el mundo continúa ardiendo, pero la música disco permanece igual”.

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