Se ha convertido en auténticos trenes fantasma, ya que el último desapareció recién iniciado el siglo XXI, pero han dejado un recuerdo muy especial que Juan José Álvarez recupera en su último libro. Se trata de los trenes nocturnos, aquellos que la gente cogía para aprovechar las horas de sueño y viajar de una a otra ciudad. Para los nostálgicos de esa forma de viajar está dedicado “Entre literas y estaciones. Historias y recuerdos de los trenes nocturnos de los 80”, que presentará este sábado, a las 12.00 horas, en la Biblioteca Pública de Zamora.
“Este trabajo nace de los recuerdos de aquellos trenes que, durante décadas, unieron ciudades y personas”, resume su autor, quien explica que el objetivo de este libro “es conservar esa forma de viajar que hoy ya forma parte de nuestra historia”. Su vinculación con los trenes va más allá de la de viajero habitual, puesto que también formó parte del Regimiento de Movilización y Prácticas de Ferrocarriles “que ya tampoco existe”, apunta. Así, durante más de una década, estuvo trabajando en los coches cama, por lo que atesora mil y una anécdotas que ahora comparte en este libro.
Todo tipo de viajeros
Sobre los viajeros que cogían estos trenes nocturnos, Álvarez enumera desde estudiantes hasta trabajadores, empresarios o turistas. “Incluso gente que tenía una consulta médica, como ocurría con el Coruña-Madrid, donde había pacientes que tenían que ir a la capital a hacerse una prueba médica y aprovechaban la noche para viajar y amanecer allí, ir al hospital, pasar el día en Madrid y regresar”, pone como ejemplo.
Viajeros en el andén a la espera de coger el tren que les llevará a Madrid. / Cedida
El paso del tiempo confiesa que ha romantizado esta manera de viajar en la oscuridad. “Pensé que era el único, pero en las presentaciones de mi libro por otras ciudades, me he dado cuenta de que hay más personas que los echan de menos estos trenes y los tiene muy idealizados”, afirma. Una añoranza que considera que viene del tipo de viaje. “Es cierto que era muy cansado, pero había cierto humanismo, no como hoy en día, con la alta velocidad, donde cada uno va a lo suyo. Antes la gente compartía la comida o el tabaco, porque se podía fumar, hacía amistades que podían ser de una noche o para toda la vida, incluso algún que otro noviazgo”, relata. “La alta velocidad ha eliminado ese encanto de disfrutar del trayecto y del paisaje. Es cierto que es más rápido, pero también mucho más caro”, compara.
La profesión del ferroviario
Y no solo ha cambiado la experiencia de los viajeros, sino también la profesión del ferroviario. “Se han eliminado trabajos que antes eran esenciales, como el de guardagujas, el auscultador, que iba con el martillo dando golpes a los bojes para notar el sonido y comprobar si había alguna fisura o los ejes estuvieran demasiado calientes. Tampoco quedan lampareros o electricistas”, añade.

Juan José Álvarez, con su libro sobre trenes nocturnos. / Cedida
Aunque en Europa también se ha perdido esta forma de viajar, Álvarez indica que se está volviendo a incentivar este transporte nocturno para, entre otras consecuencias, evitar el aumento de la contaminación de los aviones. Una alternativa que también le gustaría ver en España, donde conoce gran parte de las estaciones de trenes por sus múltiples viajes, entre ellas, la de Zamora. “Además de tener una arquitectura muy bonita, la conozco muy bien, ya que soy de Orense y cada vez que viajaba a Madrid, pasaba por allí. Incluso he tenido que hacer noche por trabajo y dormía en la fonda”, rememora.
El objetivo de este trabajo, que ha ido confeccionado mientras arañaba horas a su actual trabajo y tiempo de ocio, es, además de servir de recuerdo para los que tuvieron la suerte de disfrutar de esos trenes, descubrir esta forma de viajar a las nuevas generaciones. “Los que han viajado en ellos, cuando lo lean, les llegarán olores, ruidos o el tirón del tren al arrancar”, promete.
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