La vida no siempre es dulce pero, si algo nos dice la ciencia sobre ella, es que su origen se debe, en gran, parte a los azúcares. Sabemos que algunas de estas moléculas forman parte de las estructuras genéticas gracias a las cuales brotó la vida en nuestro planeta y otras cumplen funciones tan esenciales como proporcionar energía a las células para que estas puedan funcionar correctamente. Es por eso que, desde hace décadas, la ciencia busca rastros de dulzura en el cosmos para entender si el milagro de la vida se ha podido replicar en otros rincones del universo. En esta incansable búsqueda, este lunes un equipo español de investigadores anuncia el primer hallazgo de un tipo de azúcar en el corazón de la Vía Láctea. Según relatan los científicos en un artículo publicado en la revista ‘Nature Astronomy’, se trata de trazas de eritrulosa, un tipo de molécula presente en frambuesas y autobronceadores, halladas en «una gran nube de gas y polvo» situada en el centro de nuestra galaxia. Y su hallazgo, dicen, podría cambiarlo todo.
La investigación, liderada por Izaskun Jiménez-Serra, utiliza radiotelescopios españoles para identificar azúcares complejos en el centro de nuestra galaxia
El trabajo, liderado por investigadora española Izaskun Jiménez-Serra, ha sido posible gracias al trabajo de los radiotelescopios de Yebes en Guadalajara y Pico Veleta en Sierra Nevada. Los experto afirman que el trabajo conjunto de estos instrumentos ha permitido identificar la presencia de eritrulosa en la nube molecular G+0.693−0.027, una inmensa región de gas y polvo situada cerca del centro de la Vía Láctea y conocida por su extraordinaria riqueza en moléculas orgánicas. Para ello, explican, primero se tuvo que identificar la «huella dactilar química» de este compuesto en condiciones de laboratorio, después se tuvo que desarrollar una técnica para detectarla en el espacio interestelar y, posteriormente, con todos estos datos, se inició su búsqueda a partir de los datos captados por los radiotelescopios españoles. Los análisis confirman que, tras este arduo trabajo, se consiguieron identificar hasta 12 señales para confirmar la presencia de esta dulce molécula en el corazón de nuestra galaxia.
El hallazgo de eritrulosa en una nube de gas y polvo abre nuevas vías para entender la formación de moléculas complejas en el espacio
Hace unos años, varios estudios desvelaron el hallazgo de moléculas de azúcar en lugares tan insospechados como, por ejemplo, la superficie de en meteoritos y asteroides como el famoso Bennu. Pero ahora, afirman los científicos, este trabajo demuestra que el azúcar no solo pudo llegar a nosotros viajando por el espacio a bordo de estos cuerpos celestes sino que también pudo haberse formado directamente en el medio interestelar, como en las nubes de gas y polvo donde nacen las estrellas y los futuros sistemas planetarios. En este sentido, los expertos creen que el hallazgo de eritrulosa en una región cercana al centro de la Vía Láctea revela que el universo puede fabricar por sí mismo moléculas orgánicas cada vez más complejas, mucho antes de que existan planetas capaces de albergar vida. Y eso hace que el estudio de estas moléculas en el espacio y la búsqueda de vida más allá de nuestro planeta adquiera una dimensión aún más fascinante.
Aplauso científico
Según explica Emilio Martínez Núñez, catedrático de Química Física de la Universidad de Santiago de Compostela, «encontrar un azúcar en el medio interestelar parecía imposible». Pero gracias a este trabajo, afirma, ahora disponemos que datos que demuestran que «la eritrulosa, una molécula de cuatro átomos de carbono, es al menos ocho veces más abundante que azúcares similares de tres carbonos». «El interés de este trabajo está en mostrar que la química interestelar puede generar moléculas de creciente complejidad«, comenta el especialista en declaraciones al Science Media Centre España a la par que aplaude las «técnicas innovadoras» utilizadas por el equipo de Izaskun Jiménez-Serra, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) quien firma este trabajo junto a una veintena de científicos más.
El interés de este trabajo está en mostrar que la química interestelar puede generar moléculas de creciente complejidad
«Estamos ante un trabajo extraordinario, sugerente, sólido y con un resultado muy relevante a nivel astroquímico. Tiene importantes implicaciones en química prebiótica y origen de la vida, pero hay que tener cuidado con las extrapolaciones e interpretaciones exageradas y especulativas», comenta, en esta misma línea, César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de Bioquímica en la Universidad de Alcalá, quien aplaude con creces los resultados de este estudio pero que, aún así, recuerda que «este trabajo no resuelve el problema del origen de la vida o el origen de moléculas como el ADN o ARN» y que, por lo tanto, conviene moderar el entusiasmo en cuanto a extrapolaciones.
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