Una máquina excavadora a unos cien metros que, sudando gasoil, trata de robar con gran esfuerzo terreno al mar. El zumbido del tren que cada media hora hace acto de presencia. La desembocadura de un colector que ha ocasionado un remanso de agua en peligroso estado de descomposición. En medio de todas esas circunstancias, una pequeña porción de playa repleta de todo tipo de desperdicios: latas, maderas, botellas… Ése era el paisaje desolador que presentaba la playa de San Gabriel, donde un cartel avisaba: “Peligro. Prohibido bañarse”. Pese a ello, oídos sordos, y aquel escenario valió para portada de INFORMACIÓN en pleno verano de 1976. Más información
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