Un equipo científico internacional informa que se han hallado nanoplásticos en los suelos de los valles desérticos del interior de la Antártida. Este primer hallazgo sugiere un transporte atmosférico a larga distancia, en una nueva demostración del potencial nocivo de estas sustancias.
La Antártida, uno de los entornos más remotos y aparentemente intactos del planeta, acaba de perder parte de su «blindaje simbólico» frente a la contaminación plástica. Un equipo de investigadores ha hallado por primera vez nanoplásticos en suelos antárticos, un descubrimiento que amplía aún más la huella de este tipo de residuos y sugiere que ni siquiera los valles secos del continente blanco están a salvo de la dispersión global de partículas de plástico.
El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, se centra en los Dry Valleys de McMurdo, en la Antártida oriental, y toma como base muestras recogidas entre el 8 y el 28 de enero de 2023.
A distintas profundidades y en concentraciones importantes
La investigación detectó nanoplásticos en muestras de suelo superficial de 13 puntos y también en capas más profundas, a más de 20 centímetros, indicando que estas partículas no solo están presentes en la superficie, sino que pueden desplazarse o quedar enterradas en el perfil del terreno.
En algunos casos, las concentraciones alcanzaron hasta 295 nanogramos por gramo de suelo, mientras que en los estratos profundos se localizaron niveles más bajos, con presencia en la mitad de los puntos analizados.
Entre los polímeros identificados figuran polipropileno, polietileno, tereftalato de polietileno, poliestireno y cloruro de polivinilo, además de partículas asociadas al desgaste de neumáticos. Según publica Phys.org, el polipropileno fue el material dominante por masa, seguido por las partículas procedentes del desgaste de neumáticos y por el polietileno. Los autores subrayan, además, que las cifras podrían estar infravaloradas debido a limitaciones del método de recuperación y detección empleado.
Diversidad morfológica de nanoplásticos visualizada mediante microscopía de fluorescencia en el continente blanco. / Crédito: Scientific Reports (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41598-026-60433-w
Una llamada de atención
El trabajo destaca por la técnica utilizada, una herramienta de gran sensibilidad que permite detectar nanoplásticos en niveles muy bajos. Ese avance metodológico es clave, porque la baja concentración de partículas y la complejidad de la matriz del suelo habían dificultado hasta ahora la identificación de nanoplásticos en un entorno como la Antártida.
Referencia
First evidence of nanoplastics in Antarctica soil. Quynh Nhu Phan Le et al. Scientific Reports (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41598-026-60433-w
Mediante modelos de dispersión atmosférica, los investigadores concluyen que existen dos grandes vías de entrada para estás sustancias en el entorno antártico: fuentes locales, como bases científicas y un turismo muy limitado, y transporte atmosférico a larga distancia. El análisis sugiere que, en invierno, el transporte de gran recorrido gana peso como vía de depósito, mientras que en verano cobran más importancia las fuentes cercanas dentro del propio continente.
El hallazgo deja en claro que la gestión de residuos y las normas de funcionamiento de las bases antárticas deben revisarse, si se quiere reducir la presión humana sobre uno de los últimos grandes laboratorios naturales del planeta. En un territorio que durante décadas se ha presentado como paradigma de pureza ambiental, la primera evidencia de nanoplásticos en suelos actúa como una llamada de atención difícil de ignorar.














