A partir de la pandemia, el turismo en autocaravanas se hizo cada vez más popular. Muchos dejaron de lado los hoteles o los apartamentos vacacionales para apostar por esta forma de conocer nuevos lugares sobre cuatro ruedas. Para Cesáreo González, vicepresidente de la Asociación Galega de Autocaravanas, es necesaria una regulación para evitar los comportamientos abusivos de algunos turistas, pero resalta: «No vamos a tolerar que se nos margine».
Para las familias, viajar en camper o autocaravana es una manera más económica que la tradicional para ir de viaje. «Pagar el alojamiento para los cinco no es lo mismo que esto», nos aseguraba el padre una familia canaria. Ellos se estrenan en los viajes en autocaravana haciendo una ruta por el norte y destacan que, aunque el combustible es más barato en las islas, siguen ahorrando con esta manera de viajar.
Familia canaria en el estacionamiento en Salgueiriños. / Jesús Prieto / Jesús Prieto
Al llegar a Santiago, los vehículos tienen habilitado un espacio en Salgueiriños donde poder pernoctar. La zona forma parte de las 116 áreas públicas de autocaravanas que hay en Galicia. El área de Salgueiriños está gestionada por el Concello y las campers y autocaravanas tienen permitido pasar la noche allí pagando 15 euros al día. Esta opción es más permisiva que las ofertadas en lugares como O Grove o A Illa de Arousa, donde las autocaravanas tienen el acceso estrictamente regulado.
La costa gallega es una zona atractiva para los usuarios de autocaravanas. Según el vicepresidente de la Asociación Galega de Autocaravanas, muchos buscan huir de un «Mediterráneo saturado» y por eso deciden viajar al norte. Tras la creciente oleada de turistas en vehículos-vivienda, los equipos de gobierno de algunos concellos de Galicia y Asturias establecen diferentes normativas para intentar que no se repita la misma situación que en el sur de la península. Las normativas tienen como objetivo proteger el entorno en el que estacionan los vehículos y los representantes de la Asociación Galega de Autocaravanas lo entienden. Cesáreo González, vicepresidente del grupo, reconoce los problemas de masificación, pero no considera que sea culpa de las autocaravanas, sino del turismo masivo. Autocaravanistas como José Bautista, de Lugo, perciben las normativas en vigor como una discriminación hacia esta forma de viajar.
El pasado 26 de junio, el BOE publicó el Real Decreto 518/2026 que modifica el Reglamento General de Circulación. Con este cambio se pretende proteger a los usuarios más vulnerables de la vía, entre ellos, los conductores de autocaravanas. La medida entrará en vigor el día 1 de octubre y, a partir de ese momento, los vehículos-vivienda podrán aparcar en iguales condiciones que los demás automóviles. Los conductores celebran que se dejarán atrás las normativas, para ellos, abusivas y comenzará una nueva era en la que se «reconozca a los autocaravanistas como al resto de turistas», según Cesáreo González.
Aun así, debido al alto número de usuarios de autocaravanas, estos reclaman aparcamientos disuasorios para poder disfrutar del viaje sin perjudicar al entorno. España es uno de los lugares favoritos para este tipo de turismo, pero el número de áreas públicas solamente es de 1.400 en todo el territorio. Para el vicepresidente de la Asociación Galega de Autocaravanas es necesario aumentar el número de zonas de este tipo para buscar el equilibrio entre autocaravanistas y vecinos. Para él, lo ideal sería tratar de imitar la gestión de países vecinos como Francia que ya cuenta 6.000 áreas públicas habilitadas para las autocaravanas.
Los conductores de los vehículos-vivienda como José Bautista tienen la sensación de que «este tipo de turismo sobra» a los ayuntamientos, pero ellos recalcan que consumen y dan riqueza a los lugares por los que pasan sus rutas. Una vez echan el freno de su vehículo, los turistas no pueden acampar en cualquier lugar. Tanto las normativas antiguas como las nuevas diferencian entre acampar y aparcar; mientras un vehículo aparcado ocupa el mismo espacio que si estuviera circulando, otro acampado tiene toldos abiertos e incluso mesas fuera. José ha optado por poner un cartel que exprese que no está acampando, sino aparcado, para así tratar de evitarse problemas.

José sosteniendo su cartel. / Jesús Prieto / Jesús Prieto
Vivir en la camper por necesidad, no por elección
Muchos eligen esta opción para viajar, pero otros lo ven como la única manera de tener dónde dormir durante todo el año. Es el caso de María, vecina de Santiago, que tras volver a la ciudad tras un tiempo fuera, se dio cuenta de que no se podía permitir un piso ella sola y tuvo que comenzar a vivir en su camper.
«Viví años fuera y cuando volví, ya no me podía permitir un piso»
Para esta mujer, alquilar un piso por ella misma no es una opción. En Santiago puede tener la camper estacionada en el área municipal y así ahorrar el precio de un alquiler. Aún así, desmiente la creencia de que viajar con estos vehículos es «casi gratis», porque aunque se ahorren el alojamiento del hotel, los turistas deben pagar los campings, la comida, la gasolina…, además del propio vehículo.
María lleva muchos años haciendo vida en la camper y sí que ha notado crecimiento en la cantidad de personas que viajan en vehículos como el suyo. Aún así, no puede asegurar con certeza que haya muchas más personas en una situación como la suya, viviendo en la camper porque no se pueden permitir un piso.
Los concellos deberán seguir regularizando esta nueva moda de viajes para evitar el deterioro de los espacios de sus localidades. Asociaciones como la Asociación Galega de Autocaravanas, esperan que los cambios en la normativa se realicen «dignificando la imagen del autocaravanista y del autocaravanismo».














