Meloni exhibe sus tiranteces con Trump en Ankara tras afirmar que su gasto militar será para empresas italianas

Giorgia Meloni dice que no se arrepiente de haber forjado una estrecha relación política con Donald Trump, y que los desprecios continuados hacia ella del presidente de Estados Unidos no cambian su parecer. «No, no me arrepiento en absoluto de nada de lo que he hecho», declaró este miércoles en la rueda de prensa posterior a la cumbre de la OTAN en Ankara.

«He hecho esa inversión política porque creo en la unidad de Occidente. No es una estrategia que haya adoptado con la llegada de Trump, sino una que he seguido con todos mis homólogos», explicó la primera ministra italiana, que trató de restarle gravedad al asunto y puso de relieve su alineamiento con Trump en asuntos como la inmigración o la oposición a la «cultura woke«.

Antes de justificarse, Meloni había dejado claro que, aunque pretende «cumplir» con los compromisos adquiridos con la OTAN en lo relativo a la inversión del 5 % del PIB en defensa que reclama el propio Trump, su intención es hacerlo «de una manera sostenible, estableciendo nosotros los tiempos, los métodos y las prioridades en función del contexto».

La primera ministra precisó, en este sentido, que las inversiones «deben quedarse en Italia, en nuestras fábricas, en nuestra investigación, en nuestros territorios; es decir, más seguridad, pero también más empleo cualificado, más investigación y no cheques enviados al extranjero».

La prensa le había preguntado si se acercó demasiado a Trump, una figura radiactiva para sus aliados. La pregunta tenía cierto sentido porque hasta hace apenas unos meses Meloni era la gran aliada continental del inquilino de la Casa Blanca, la mujer llamada a garantizar la buena relación entre ambas orillas del Atlántico y el máximo exponente del trumpismo en Europa.

Meloni buscaba hacer de enlace entre Bruselas y Washington en cuestiones relacionadas con la guerra en Ucrania, las relaciones comerciales o el papel de la OTAN. El objetivo era aprovechar su relación personal para colocar a Italia en la posición más privilegiada posible en el seno de la Alianza.

La estrategia funcionó los primeros meses. Hubo cierta química. Meloni visitó la mansión de Trump en Mar-a-Lago después de su victoria electoral y acudió después a su toma de posesión en Washington. Ningún otro líder de la UE estuvo presente en el acto, celebrado en el Capitolio, si bien es cierto que el entonces primer ministro húngaro Viktor Orbán estaba invitado.

Pero la relación entre Trump y Meloni cambió súbitamente en abril. Meloni salió entonces en defensa del papa León XIV cuando Trump cargó contra el pontífice por mostrarse crítico con la guerra en Irán. En marzo, Italia siguió los pasos de España y denegó a Estados Unidos el permiso para utilizar la base aérea de Sigonella, en Sicilia, para atacar a Irán.

Donald Trump y de fondo Meloni, en la cumbre de la OTAN en Ankara.


Donald Trump y de fondo Meloni, en la cumbre de la OTAN en Ankara.

Umit Bektas

Aunque el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, desmintió a Meloni la semana pasada, la primera ministra reafirmó desde Ankara que, «sobre el uso de nuestras bases, nuestra línea está clara y la mantenemos» y llamó a las partes a reanudar las negociaciones. «No me parece que hasta ahora la opción militar haya dado resultados tan concretos», insistió, sabedora de que Trump había amenazado con nuevos ataques en Ormuz.

Furioso con la negativa de Meloni a la hora de poner sus bases a disposición de la operación Furia Épica, Trump filtró a través de su plataforma Truth Social que la primera ministra le había «rogado» para hacerse una foto juntos en el marco de la Cumbre del G7, celebrada en la localidad francesa de Évian.

Meloni denunció la falsedad y reaccionó con contundencia a la humillación pública. Humillación que Trump volvió a repetir la víspera de la cumbre de la OTAN en Ankara al publicar en la misma red social una imagen en la que Meloni aparece mirándolo embelesado y con el mensaje «Se necesita una orden de alejamiento».

Los desaires de Trump explican las tiranteces y el distanciamiento que ambos exhibieron en sus apariciones públicas en Ankara. Compartieron mesa en la cena de líderes y, según el diario La Stampa, la primera ministra llegó tarde a la cita para evitar el cara a cara con el magnate neoyorquino y se encontró el palacio de Beştepe ya cerrado.

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