Argentina estaba eliminada al minuto 79, con un 0-2 en contra ante Egipto, y acabó celebrando un 3-2 que la mete en cuartos de final. En medio de la tormenta, otra vez él, otra vez Leo: el gol del empate a pocos minutos del final y la sensación, ya universal, de que este equipo no conoce el final de los partidos.
Messi, en el partido ante Egipto / EFE
«Volvimos a sufrir muchísimo pero bueno, esto es el Mundial y todos los partidos se están dando igual, muy igualados todos», resumió el capitán tras el pitido final, todavía con la emoción en el cuerpo. La suya fue una noche completa en lo bueno y en lo malo: falló un penalti en la primera parte, cargó con el peso del equipo durante todo el encuentro y apareció cuando ya casi nadie lo esperaba para firmar el 2-2 que cambió la historia.
El propio Messi reconoció la dureza del guion: «Se había puesto duro con el 0-2 y fue muy emocionante poder darlo vuelta». Y ahí dejó la frase que define a esta Argentina y que debería enmarcarse en cualquier vestuario del mundo: «No es fácil levantar un 0-2 pero este grupo no baja los brazos nunca y lo intenta hasta el final».
No es una consigna vacía. Ya ante Cabo Verde, en dieciseisavos, el equipo había necesitado la prórroga para imponerse 3-2 en un partido que también abrió Messi con el 1-0. Sufrir, resistir y ganar se ha convertido en el método albiceleste en este Mundial.
Ocho goles y una leyenda que no se detiene

Messi, en el partido ante Egipto / EFE
Con el tanto ante Egipto, Messi suma ocho goles y lidera la tabla de máximos goleadores del torneo, en el mismo campeonato en el que se ha convertido en el máximo artillero de la historia de los Mundiales. A los 39 años, sin descansar un solo minuto en las eliminatorias, sigue siendo el argumento definitivo de su selección.
«Es una locura lo que hizo este grupo hoy en esta eliminatoria», celebró el rosarino, que agradeció el apoyo incesante de la afición argentina y ya piensa en los cuartos de final.
Fuente: Sport









