Los vecinos de Azuébar vieron cómo la tranquilidad del domingo era interrumpida. Entonces, empezaron a hacerse preguntas de lo que estaba ocurriendo y para su pesar, un incendio, como ya ocurriera hace cinco años, avanzaba hacia sus casas.
No fue mucho el tiempo de incertidumbre, a las 16:45 horas las llamas ya eran visibles y a las 17 horas las autoridades anunciaban a los habitantes del desalojo, como apunta Felisa, una mujer de 78 años y residente de Azuébar. «Estaba mi marido paseando a la perra y de repente me llamó diciendo que se veía humo y al poco rato ya nos decían de abandonar el pueblo», explica a Mediterráneo. Una de las 500 personas desalojadas y de las 40 que han pasado la noche en el Colegio Seminario de Segorbe, lugar que se ha convertido en su refugio, mientras las autoridades trabajan en asegurar el núcleo urbano.
En la mesa de al lado se encontraba Carmen, otra vecina que ha dormido en el mismo edificio y ha contado cómo ha pasado la noche a sus 88 años. «Para los que somos más mayores es peor, echo de menos mi almohada porque al final cogimos lo imprescindible y salimos», ha relatado. Una situación que les recuerda a lo vivido en el año 2021 cuando también tuvieron que abandonar sus hogares por culpa del fuego, aunque cuenta que este «es mucho peor» porque en la otra ocasión «tan solo fueron unas horas mientras que ahora ya hemos pasado una noche fuera».
«Lo ocurrido este año es peor que el incendio en el 2021»
También fueron realojadas familias con niños, como Carolina, vecina de Azuébar, que con su hijo de tres años en brazos explica su situación personal: «Es más complicada porque hay que mantener al niño distraído, aunque disponen de monitores de verano para que se entretengan y eso es una ayuda». Mientras explicaba su testimonio, instantes después entraba el capellán del Seminario de Segorbe, José, con juegos de mesa para que se entretuvieran durante la estancia. Este último se ha volcado en ayudar a los afectados desde el primer momento y trata de que su estancia sea lo más cómoda: «Les intentamos atender lo mejor que podemos con los medios que tenemos. El colegio está cerrado, pero hasta que haga falta, se les ayudará en lo que se pueda».
A su lado, Ana María Pascual, directora pedagógica del centro, fue una de las primeras que también ayudó cuando aterrizaron los afectados: «Intentamos acogerles y que se sintieran queridos y bien aquí. Les dimos de cenar, les acompañamos a las habitaciones y, cuando ya estaban todos bien, pues a esperar al día siguiente».
Incertidumbre en la vuelta a casa
Desde que les anunciaron que debían abandonar sus hogares, los vecinos de Azuébar desconocían cuándo volverían. Los concejales, Lourdes Giménez y José Manuel Ramírez, mostraban optimismo respecto a la evolución del incendio a primera hora del lunes, pero no se atrevían a dar un pronóstico. «Pese a todo, los vecinos están bastante tranquilos. Para volver dependerá de cómo evolucionen las llamas y de las temperaturas y las rachas de viento», explicaban ambos ediles a primera hora de la mañana».
A las pocas horas, comparecían el conseller de emergències, Juan Carlos Valderrama, cuyas declaraciones iban en la misma línea que los concejales. «Estamos en el periodo más crítico por las condiciones meteorológicas, tendremos que ver cómo evoluciona», concluía en su intervención el conseller.
Mientras tanto, conforme avanzaba el día, el consorcio provincial decretaba durante la tarde del mismo lunes que el incendio se encontraba «estabilizado», aunque todavía se mantendrán la población afectada en Segorbe a la espera de recibir autorización para regresar.
Los vecinos desplazados de Azuébar, con la Selección Española
El partido que disputan España y Portugal de los octavos de final del Mundial también copará la atención de los vecinos desalojados de Azuébar. El Colegio Seminario de Segorbe dejará una televisión para que los desplazados puedan disfrutar del vital encuentro de la Selección Española y puedan disfrutar del fútbol, pese seguir esperando la autorización para volver a sus domicilios.
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