En un mes y medio se cumplirán cinco años del último gran incendio forestal sufrido en Azuébar y que obligó a evacuar a los vecinos, en unas circunstancias muy similares a las que han provocado su desalojo preventivo este domingo. Un aniversario que ha hecho rememorar escenas que no por ya vividas son menos desalentadoras.
Así lo explican vecinos de un municipio ubicado en un entorno privilegiado que ha vuelto a quemarse, y no en el mismo lugar que en el 2021. Uno de ellos recuerda que hace cinco años, el fuego calcinó buena parte de su masa forestal «en dirección a la Vall d’Uixó a mano derecha, y esta vez ha sido en la parte izquierda», aunque las consecuencias, son las mismas: «Se está quemando mucho».
Una de las afectados, perteneciente a la Comunidad de Regantes, ha explicado a Mediterráneo que es de los pocos que se ha quedado en el pueblo tras la evacuación, para llevar un control del suministro de agua al depósito de extinción de incendios que, se da la circunstancia, «se puso en marcha hace apenas dos meses».
Indica que 48 horas antes de iniciarse este fuego, «el agente medioambiental de la zona había estado rellenándolo» al perder una parte de su contenido por la evaporación.
Una imagen del incendio tomada desde Azuébar. / MÒNICA MIRA
El representante de la Comunidad de Regantes comenta que a mediodía estaba volviendo de un viaje fuera de la provincia y ha acudido de urgencia al pueblo al enterarse del incendio «para cerrar el resto de ramales de nuestro pozo, que es el que suministra al depósito antiincendios, para que no falte agua durante todos los trabajos de extinción«.
Un vecino que ha colaborado en las labores de evacuación indica que esta se ha realizado «sin problemas», con especial atención por las personas más mayores, aunque tienen constancia de que unos pocos «no han querido abrir la puerta y se han quedado en casa, pero los tenemos controlados».
Describe que si bien el principal riesgo es el avance del fuego, a media tarde, con esa amenaza a priori controlada y más alejada del pueblo, lo mejor es mantenerlo vacío «por el movimiento que hay de camiones de bomberos y otros vehículos del dispositivo de extinción, porque tenemos el hidrante en el que recargan justo a la entrada del pueblo, algo que debería de repensarse y sacarlo a una zona menos transitada, pero mientras esté ahí, en estos casos, es mejor que no haya gente, por la seguridad de todos».
Terreno complicado
Que no se tenga en cuenta su experiencia y su conocimiento del terreno genera cierto malestar entre los vecinos, porque «lo vemos venir, decimos lo que va a pasar, pero no nos hacen caso», en referencia tanto al mantenimiento del entorno forestal como a la manera de abordar la extinción, porque como ya pasó en el 2021, «a veces se meten por caminos que no tienen salida, y si nos escucharan, eso no pasaría».
Otra de las cuestiones en la que ha incidido otro de los residentes consultados en referencia a la rapidez de la propagación es que «sobre las 14.30 horas ha venido una unidad helitransportada. En una zona donde no hay caminos, los bomberos lo tenían complicado, y hasta las cuatro no ha venido otro helicóptero».
Unos medios aéreos que se han visto reforzados a partir de ese momento. De hecho, en el momento de relatar cómo se estaba viviendo la situación, un testigo explicaba que estaba viendo como se sucedían las descargas en el Rincón de la Horca, ubicado en el lado opuesto de la montaña afectada más cercana al casco urbano, justo en la parte inferior de donde se encuentran los repetidores y antenas de telecomunicaciones.
Al preguntarle si esas instalaciones se han visto afectadas por las llamas, porque ha habido un momento en que el incendio había sobrepasado esa zona, ha evidenciado que no «porque estamos hablando por teléfono, lo que no sé es si habrá afectado a la televisión«, ha relatado.
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