El presidente socialista de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, considera que el liderazgo político debe consistir en convencer y construir grandes mayorías y no en «fabricarse un enemigo» para mantenerse en el poder. «Líder es aquel que convence y, a ser posible, a inmensas mayorías. En el Gobierno de España mandan minorías, independentistas y radicales. Eso es lo dramático», ha asegurado el dirigente socialista en una entrevista concedida a El Confidencial, en la que también ha advertido sobre los casos de corrupción que rodean al PSOE y ha cuestionado la falta de autocrítica dentro del partido.
García-Page matiza, no obstante, que su rechazo a la dependencia del Gobierno de sus socios parlamentarios no implica que se oponga a alcanzar acuerdos con otras formaciones políticas. De hecho, recuerda que él mismo pactó con Podemos en Castilla-La Mancha y durante ocho años con Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Toledo. «Lo que pasa es que gobernaba yo», subraya. A su juicio, «la teoría de que las mayorías son sumas de minorías no nos conduce a nada más que al desastre», ya que los liderazgos deben construirse sobre «un espacio de moralidad, de convicciones».
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En este sentido, el presidente castellanomanchego señala que España debe recuperar el espacio de centralidad política y los grandes acuerdos entre los principales partidos. Eso sí, rechaza que la solución pase por un Gobierno conjunto del PSOE y el PP. «Las grandes coaliciones no son positivas, y menos en un país como el nuestro, de sangre muy caliente. Lo que sí es recomendable son los pactos de Estado», sostiene. Y, para alcanzarlos, considera necesario preservar «los dos espacios de izquierda moderada y una derecha moderada», un equilibrio que, a su juicio, «se rompió en el momento en el que afloraron radicales de un lado y de otro y, además, radicales del independentismo que han destrozado el inmenso caudal de centralidad que habíamos fabricado entre todos».
Page teme que el PSOE acabe imputado
Asimismo, las críticas del presidente castellanomanchego se extienden también a la respuesta de la dirección socialista ante los casos de corrupción que rodean al partido y al Gobierno. García-Page cuestiona la falta de autocrítica interna y considera desproporcionado que los dirigentes socialistas dediquen tantos esfuerzos a responder a las voces discrepantes. «Si están mucho más pendientes de lo que decimos algunos que de los corruptos, por ejemplo, es para preocuparse», advierte.
En este sentido, García-Page reconoce abiertamente su preocupación ante la posibilidad de que las investigaciones judiciales terminen afectando al propio partido. El dirigente socialista recuerda que entre los presuntos implicados figuran dos personas que ocuparon la Secretaría de Organización del PSOE, una circunstancia que, a su juicio, eleva considerablemente la gravedad política de la situación. «Que haya dos secretarios de Organización evidentemente nos pone ante el precipicio de una posible imputación a la propia organización», asegura.
Una posibilidad que García-Page desea que no llegue a producirse por las consecuencias que tendría para el PSOE, aunque matiza que una eventual imputación del partido no supondría automáticamente su culpabilidad. «Sería la primera vez que ocurre en un partido de estas características. Yo desearía por todos los medios que el PSOE no fuera imputado, lo cual no quiere decir que fuera culpable, bajo ningún concepto, pero sería un elemento muy adverso», explica.
Sin embargo, lo que más preocupa al presidente de Castilla-La Mancha no son únicamente los presuntos casos de corrupción, sino la posible existencia de mecanismos destinados a ocultarlos. «Me preocupa la corrupción, pero lo que me preocupa sobre todo es el dispositivo para taparla, no para combatirla, sino para que no se sepa. Eso es lo verdaderamente grave, eso es lo que más daño hace», sentencia.
Precisamente, García-Page se detiene en el denominado ‘caso Leire’ y en las supuestas maniobras para obtener información comprometedora contra miembros de la Guardia Civil y la Fiscalía. «Lo de las presuntas cloacas clama al cielo», asegura el dirigente socialista, que considera que este episodio refleja «un estado de ansiedad, un estado de miedo». «Y eso es lo que más miedo me da», añade.
El «juicio de una etapa» por Zapatero
Además, en la entrevista de El Confidencial también se aborda el caso del expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, al que la Audiencia Nacional le acusa de tráfico de influencias y delitos fiscales. En este caso, el presidente de Castilla La-Macha defiende que durante su etapa en La Moncloa mantuvo «una actitud impecable desde el punto de vista de la honestidad personal», pero reconoce su desconcierto ante las noticias conocidas durante los últimos meses sobre sus relaciones posteriores.
Para García-Page, lo que está en juego trasciende la figura del expresidente socialista. «Nos estamos jugando mucho más que el problema de un expresidente: el juicio de una etapa», advierte. A su juicio, «lo que hoy se está poniendo en cuestión no es la labor de José Luis Rodríguez Zapatero en el Gobierno, sino sus relaciones en estos diez años» y, más concretamente, «Zapatero en relación con Sánchez».
En este sentido, el dirigente socialista considera que estas informaciones han abierto un debate pendiente en España sobre las actividades que desarrollan los responsables políticos después de abandonar sus cargos y es que «hay todo un mundo de los excargos que está sin regular en España y ya llegamos tarde; pero hay que abordarlo», sostiene.
«Va a venir Vox»
Todo este escenario ha llevado a García-Page a cuestionar los argumentos con los que una parte del PSOE trata de defender la continuidad del Gobierno pese a los escándalos conocidos durante los últimos meses. Según explica, cuando conversa con militantes, dirigentes, simpatizantes o votantes socialistas, la discusión termina desembocando prácticamente siempre en la misma advertencia.
«La inmensa mayoría de la gente que no puede defender lo indefendible —militantes, votantes, dirigentes o simpatizantes— se ha ido escondiendo, refugiando en la única coartada que les queda: la existencia de Vox», asegura. Según García-Page, «los argumentos se agotan en segundos» y, finalmente, «el único elemento de agarre, el único punto de apoyo, es que ‘va a venir Vox’ «.
Sin embargo, el presidente castellanomanchego rechaza que la amenaza de la formación de Santiago Abascal pueda justificar cualquier actuación del Ejecutivo o del PSOE: «La amenaza de que pueda venir Vox no es una patente de corso para tragar con todo lo intragable».
Una situación que, según García-Page, también quedó reflejada en el último Comité Federal del PSOE. El presidente de Castilla-La Mancha relata que Pedro Sánchez defendió ante los dirigentes socialistas que el Gobierno seguía siendo «el principal activo electoral» del partido. «Y se hizo un silencio sepulcral. Y lo de sepulcral, créame, no es retórica», asegura. Sin embargo, cuando el presidente confirmó que no convocaría un ‘superdomingo’ electoral, «lo que levantó fue un aplauso».















