Las claves
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A pesar de que Estados Unidos había solicitado a Israel que retirase a dos líderes iraníes «pragmáticos» de su lista de objetivos a asesinar porque los consideraba sus interlocutores para un acuerdo de paz, Washington tuvo que prevenir a Teherán para evitar que fueran eliminados por cazas israelíes a su regreso de la cumbre de Islamabad.
Tanto el New York Times como el Washington Post confirman que el mando estadounidense desconfiaba de las intenciones de Tel Aviv. Las suspicacias habían comenzado con el asesinato de Alí Larijani, jefe del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, a quien EEUU había llegado a considerar como interlocutor para una transición de poder.
La inteligencia de EEUU temía que el gobierno de Benjamín Netanyahu no respetase su petición de ‘indultar’ a los iraníes Abbas Araghchi, ministro de Exteriores, y al presidente del Parlamento, Mohamed Baqer Qalibaf, para hacer descarrilar las conversaciones. «Si les matan, perdemos a los pragmáticos«, valoró EEUU.
El propio Qalibaf ya había sido objeto de dos intentos de asesinato por parte de Israel por su cercanía a la Guardia Revolucionaria. El primero ocurrió durante la ‘guerra de los doce días’ en verano de 2025, y el segundo en plena operación ‘Rugido del león’, durante una reunión de líderes iraníes en un búnker de las montañas. En ambos casos fue rescatado de debajo de los escombros.
Mientras preparaban las conversaciones en Pakistán que concluyeron el pasado 12 de abril, portavoces del régimen iraní declararon que tanto Qalibaf como Araghchi, así como su séquito, se «jugaban la vida» con conocimiento del «grave riesgo» que corrían en demostración de un «verdadero sacrificio, no una maniobra política«.
Antes de desplazarse a la capital pakistaní para encontrarse con el presidente estadounidense JD Vance y los emisarios de Donald Trump, Jared Kushner y Steve Witkoff, los iraníes exigieron garantías de que no sufrirían ataques encubiertos israelíes.
Los mediadores de Pakistán y Catar se hicieron cargo de su seguridad. Las Fuerzas Aéreas pakistaníes destacaron una escolta de aviones de combate para acompañar al vuelo que transportaba a la delegación iraní de más de 70 personas desde la frontera con Irán, y de nuevo a su vuelta.
Según informan los medios estadounidenses, fue en el viaje de vuelta a Teherán cuando se produjo la situación de riesgo sobre la que les habían advertido sus contrapartidas estadounidenses.
El equipo de Qalibaf recibió un aviso de la inteligencia iraní según el cual dos aviones de combate israelíes acababan de entrar en el espacio aéreo de Irán por su frontera más occidental, y se dirigían hacia ellos con intención de derribarlos.
Según confirmó Mahdi Mohammadi, un asesor del presidente del Parlamento que se encontraba con él en el vuelo, el avión se vio obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en la ciudad de Mashad, que alberga el aeropuerto más cercano a la frontera con Pakistán.
El incidente obligó a la comitiva a continuar el viaje por tierra, con lo que el regreso a la capital iraní se prolongó durante otras ocho horas más.














