A la República Democrática del Congo le atormentaba el recuerdo de su única participación en un Mundial, todavía bajo la denominación colonial de Zaire, 14 goles encajados en Alemania 74 sin celebrar ni uno solo. La herida ha sanado, 32 años después. No, los africanos no completaron la hazaña de eliminar a Inglaterra, pero firmaron una actuación que, aun en la derrota, colma de orgullo a la nación.
Harry Kane, para quien no hacen falta calificativos, seis goles ya en este torneo, se encargó en primera persona de sofocar la emocionante revolución de RD Congo, que durante 74 minutos creyó que podía hacer lo imposible. Las paradas de Mpasi y el descaro de Cipenga se incorporan a la iconografía de este Mundial, sobrevivirán a la eliminación de su selección.
Para Inglaterra, un serio aviso de que cualquier selección puede causarle problemas, de que no es un equipo suficientemente cuajado. México, que derrotó a Ecuador por 2-0, será su próximo rival en el Azteca la madrugada del domingo al lunes (2.00 horas). Al vencedor, ya en cuartos de final, le esperará Brasil o Noruega.
Un diablo llamado Cipenga
El gol de Cipenga a los siete minutos puso patas arriba un partido en el que se presumía, con desacierto, que Inglaterra ejercería un dominio total. La RD Congo se mostró valiente desde el arranque y enseguida quebró los pronósticos, gracias a un envío diagonal del capitán y central Mbemba. Wissa arrastró a la defensa inglesa y Cipenga apareció solo, despistado en su marca Madueke, con tiempo para controlar y batir a Pickford por el palo corto.
Cipenga celebra su gol contra Inglaterra. / MICHAEL REAVES / Getty Images via AFP
Inglaterra no supo reaccionar hasta la media hora de partido, ya después de la pausa de publicidad que quebró el contexto favorable a los congoleños. Sin ideas claras, por pura insistencia, armaron los de Tuchel varias jugadas de peligro claro, especialmente con Bellingham atacando balones aéreos, pero Mpasi se lució bajo palos con tres paradones.
Mpasi amarga a Bellingham
Ahora bien, la RD Congo pudo también doblar su ventaja antes del descanso, con Wissa mandando al palo una ocasión clarísima. Una rareza en un contexto en el que Inglaterra llegaba y llegaba, encontrando siempre la contundencia de los zagueros congoleños o, en su defecto, el estado de gracia de Mpasi, con el que Bellingham va a tener pesadillas durante bastante tiempo.
Frustrado el madridista, quien acabó sacando las castañas del fuego fue la otra gran estrella inglesa, Kane. A 15 minutos del final, el capitán cazó un centro tocado de Gordon ante el que Mpasi evidenció un nivel más ajustado a su trayectoria. No se la comió, pero puedo hacer algo más que rozar la pelota antes de que entrara en la portería.
No se puede decir lo mismo del gol que culminó la remontada, ya en el minuto 86. De nuevo tras un pase de Gordon, aunque el mérito residió exclusivamente en Kane, que se buscó el espacio en el área y ajustició a Congo con un trallazo a la media vuelta.
Era un resultado justo, a la vista de lo expuesto por ambas selecciones, pero que rompía el corazón de cualquier aficionado neutral, no digamos ya de los congoleños. Sus jugadores, exhaustos ya por el descomunal esfuerzo realizado, ya no tuvieron capacidad para reaccionar. La derrota era ya un hecho. Tanto como el orgullo de que a su selección se le recuerde a partir de ahora por esta tarde en Atlanta y nunca más por lo que ocurrió en Alemania 74. Honor eterno para los hombres de Sébastien Desabre.
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