Francia ya está en octavos después de ganar a Suecia en uno de esos partidos que se juegan en torneos como el MIC, donde el Barça se enfrenta a clubs de pueblo y no pierde nunca. Uno de esos encuentros en los que el signo de la quiniela no interesa y solo da dinero a quienes apuestan el marcador final. Poco desgaste para los de Deschamps ante unos vikingos amarillos de dibujos animados (no en el sentido en el que Valdano definio a Romario, sino de forma literal).
Suecia se presentó con Isak, Gyokeres y Elanga (que corre mucho y también llega al Mundial procedente del Newcastle, como Gordon) en ataque. Pas mal, que dirían los franceses. El problema, para los suecos, es que el rival contaba con Barcola, Mbappé, Dembélé y Olise, que ejerce de mediapunta. Del banquillo mejor no hablamos para no asustar al resto de selecciones.
Suecia se echó atrás, como suele hacer el noventa por ciento de los equipos del Mundial, esperando su momento. No encontró ni uno porque Gyokeres corría mucho, lo mismo que Elanga, mientras que Isak esperaba ahí intentando mostrar su calidad indiscutible.
Gyokeres y Upamecano luchan por un balón en el Francia – Suecia / SARAH YENESEL / EFE
Al otro lado del campo, Mbappé caracoleaba, Olise no se encontraba a sí mismo y Dembélé recibía palos. Hasta que llegó Barcola, que es de otra pasta (el Barça lo sabe bien) para explicar de qué iba el partido: agarró el balón, se fue de quien quiso, se plantó en el área y disparó alto. Por lo menos, habían pasado cosas. Luego Mbappé, perdiendo los vikingos amarillos un balón con la espalda descubierta, como le gusta al madridista, se plantó solo en el área y marcó. Fuera de juego. Por milímetros. Ahí, casi acabó el primer cuarto del partido.
Tras el primer cuarto, adiós a Suecia
Rabiot probó a Zetterstrom tras la reanudación (del primer cuarto, se entiende). Fue la primera de una serie de ocasiones, la más clara de Mbappé, que envió al palo tras asistencia de Koundé. Francia era otra: se desconoce si fue por las instrucciones de Deschamps (lo dudamos). Incluso Olise, que hizo el no gol del Mundial (ahora que esta expresión se ha puesto de moda de forma ridícula). En el caso del francés, seguramente habría sido así porque fue una chilena desde casi la frontal que se estrelló en la base del palo. El rechace lo envió Dembélé fuera, pero lo de Olise empezó a ser serio. Lo probó una y otra vez, siempre encontrando la mano de Zettrestom, en ocasiones milagrosa.

Deschamps abraza a Mbappé tras marcar el primer gol del Francia-Suecia / SHAWN THEW / EFE
Hasta que llegó Mbappé, a la salida de un córner combinado (la defensa sueca era una verbena), para hacer justicia a la superioridad inapelable de los galos y hacer el primero, su quinto. Esto va por cuartos y el segundo fue de escándalo para Francia. Suecia no existió, pese a que Stroud tuvo el empate al filo del descanso. Y es que Deschamps, fruto de su ADN cagón, echó atrás a su equipo. ¿Pasaría lo mismo tras el descanso?
Lo primero, haber dudado de la posición de Olise, que (lo reconocemos) nos gusta(ba) más de extremo. Lo segundo, habrá que verle contra un equipo, no un grupo de amigos, pero la asistencia para Barcola, con caño incluido, fue brillante. El segundo de Francia. Seguiremos escribiendo, pero la crónica acaba aquí, que no el partido porque Olise volvió a probar al meta sueco. Y no fue el único. Tan malo era el rival que ni la genética cautela de Deschamps logró ponerle sal al partido.
Y, si había alguna duda, que Olise juegue de lo que quiera porque la asistencia para el tercero de Francia y el segundo de Mbappé fue un escándalo (por cierto, quienes pidan a Lamine jugando de mediapunta viendo a Olise, que recuerden que delante no tendrá a Dembélé, ni a Mbappé, ni a Doué, ni a Barcola, y que tres de los cuatro juegan en el PSG).
Fuente: Sport





