Dejar una botella de agua dentro del coche parece un gesto sin importancia. Muchas personas la llevan en el asiento, en el hueco de la puerta o sobre el salpicadero para tenerla a mano durante el verano. Pero cuando el vehículo queda aparcado al sol, ese objeto tan cotidiano puede convertirse en un pequeño problema.
No se trata de alarmar ni de decir que una botella vaya a provocar siempre un incendio. El riesgo depende de muchos factores. Pero sí hay varias razones por las que conviene no dejar botellas de plástico expuestas durante horas dentro de un coche caliente.
El interior del coche se calienta muy rápido
En verano, un coche aparcado al sol puede alcanzar temperaturas muy superiores a las del exterior. Aunque fuera haya 32 o 35 grados, el habitáculo puede convertirse en un horno en poco tiempo, especialmente si el vehículo está cerrado y recibe radiación directa.
Ese calor afecta a todo lo que queda dentro: móviles, gafas, aerosoles, medicamentos, alimentos y también botellas de agua.
El plástico puede degradarse con el calor
Una de las razones principales para no dejar una botella de agua al sol es la degradación del plástico. Las botellas de un solo uso están pensadas para transportar y consumir agua en condiciones normales, no para permanecer durante horas en un coche a temperaturas muy altas.
El calor puede alterar el envase, deformarlo o favorecer que el agua adquiera mal sabor. Además, cuanto más tiempo pasa la botella expuesta al calor y a la luz, más se deteriora el material.
Una botella en el interior del coche. / INFORMACIÓN
Por prudencia, lo mejor es evitar beber agua de una botella que ha estado muchas horas dentro de un coche recalentado, especialmente si el envase está deformado, tiene olor extraño o el agua sabe diferente.
El efecto lupa: raro, pero posible
La otra advertencia más llamativa tiene que ver con el llamado efecto lupa. Una botella transparente llena de agua puede concentrar la luz solar en un punto concreto, de forma parecida a como lo haría una lupa.
Para que eso llegue a causar un problema tienen que coincidir varias condiciones: sol directo, una determinada orientación de la botella, una superficie inflamable cerca y suficiente tiempo de exposición. No es lo habitual, pero puede ocurrir.
El riesgo aumenta si la botella queda sobre el asiento, el salpicadero o junto a papeles, tapicerías, plásticos o materiales que puedan calentarse mucho. Por eso, aunque sea una posibilidad poco frecuente, la recomendación es sencilla: no dejar botellas transparentes al sol dentro del coche.
El salpicadero, el peor lugar
El lugar más peligroso para dejar una botella es el salpicadero. Es una de las zonas que más calor acumula y, además, recibe radiación solar directa durante más tiempo.
También puede ser un problema dejarla en el asiento delantero, donde puede rodar, caer al suelo o acabar bajo los pedales si el coche se mueve. Aunque este riesgo es distinto, también afecta a la seguridad.
Una botella suelta dentro del vehículo puede convertirse en una distracción o interferir en la conducción si acaba en una zona inadecuada.
Mejor llevar una botella reutilizable
La alternativa más recomendable es usar una botella reutilizable, preferiblemente de acero inoxidable o material resistente, y llevarla siempre fuera del coche cuando se abandone el vehículo.
Si se necesita dejar agua en el coche por emergencia, lo más prudente es guardarla en un lugar protegido de la luz directa, como el maletero, y revisar el estado del envase antes de beber.
Aun así, en días de mucho calor, lo ideal es no almacenar agua durante horas en el interior del vehículo.
Qué hacer si has dejado una botella al sol
Si una botella ha estado mucho tiempo dentro del coche al sol, conviene observarla antes de beber. Si el envase está deformado, el agua está muy caliente, huele raro o tiene sabor extraño, lo mejor es desecharla.
En caso de duda, es preferible no consumirla. Una botella nueva cuesta poco; una mala práctica repetida durante todo el verano puede evitarse fácilmente. En verano, dentro de un vehículo cerrado, hasta los objetos más inofensivos pueden comportarse de forma inesperada.














