Los pandilleros de las bandas latinas son cada vez más jóvenes y tienen cada vez más armas de fuego, según los datos a los que ha tenido acceso el canal de investigación y sucesos de Prensa Ibérica. Entre un 35 y un 40 por ciento de los pandilleros detenidos por la Policía Nacional en lo que va de año son menores de edad. Y decenas de ellos tienen menos de 14 años, es decir, no pueden ser castigados por la ley, ni siquiera detenidos.
Los integrantes de bandas más jóvenes que la Policía ha identificado tienen 11 años. Esa precocidad contribuye al aumento de «equivocaciones» de las bandas, según las fuentes consultadas: «Son pandilleros que llevan veinte días en la banda, quieren hacer méritos y no tienen ni idea de a quién atacan. Tienen menos control y atacan a otros que ven en un parque solo por la estética, el pelo, la sudadera que llevan, que son rasgos comunes a miles de chavales».
En el mercado negro
En los primeros cinco meses del año los pandilleros han matado a una persona en Madrid (un joven de 17 años simpatizante de los Trinitarios) y han protagonizado otros ocho intentos de asesinato. Además del uso de machetes, su arma preferida hasta ahora, cada vez utilizan más armas de fuego, más pistolas.
Las consiguen en el mercado negro. «Un arma con ruina, es decir, que se haya usado en un crimen o un delito anterior, la pueden comprar por 300 euros. Un arma limpia puede valer 1.500 o 2.000 euros», explica un especialista en este tipo de bandas. Se las venden algunos clanes conocidos y también antiguos pandilleros que han crecido en el mundo de la delincuencia y han dado el paso al tráfico de drogas u otros delitos.
Cuando consiguen armas, los jóvenes no tienen problemas en aparecer con ellas en vídeos de música drill, su favorita, que también es un canal de propaganda y puede servir para reclutar nuevos pandilleros. En los vídeos analizados por la policía se ven armas reales, pero algunas son pistolas de airsoft. En algunos vídeos musicales han llegado a aparecer líderes de bandas como El Cutico, ahora en prisión. En otras ocasiones se trata de grupos musicales simpatizantes de alguna de esas bandas, que reproducen su estética y sus mensajes violentos.
400 pandilleros
La Policía estima en unos 400 los pandilleros activos en Madrid. Luego hay otros tantos chavales que están iniciándose en las bandas. Las principales siguen siendo los Trinitarios y los Dominican Don’t Play (DDP). Las dos, enemigas a muerte, son de origen dominicano. En los últimos tiempos los investigadores han detectado un repunte de una nueva generación de Ñetas (de origen puertorriqueño) y algo menos de Latin Kings (origen ecuatoriano). En algunos barrios de Madrid están también presentes los Bloods (de origen marroquí). Todos dejan su firma con pintadas en paredes y canchas de baloncesto que les sirven para marcar territorio. En los primeros cinco meses de 2026, la Policía ha detenido a más de doscientos jóvenes integrantes de bandas en Madrid, casi diez detenidos a la semana.
Las zonas más peligrosas de la ciudad son aquellas que se disputan dos bandas rivales. En Madrid ocurre en Ciudad Lineal, San Blas, Usera, Villaverde y, algo menos, en Puente de Vallecas. En ocasiones, los pandilleros de dos bandas rozan o simplemente se encuentran por la calle y surge la violencia.
«Sofocar» y grabar
Cuando eso ocurre, el episodio violento más leve que puede ocurrir es lo que los pandilleros llaman «sofocar». Consiste en obligar a miembros de otra banda a renegar de su militancia haciendo lo que llaman «bajar corona», es decir hacer el gesto que les identifica como miembros de una banda rival, pero derrotados, con la mano hacia abajo.
Cuando los pandilleros consiguen eso de otros rivales, lo graban y lo cuelgan en redes sociales para humillarlos. Así ocurrió con dos chavales, presuntos integrantes de los DDP que fueron sorprendidos por miembros de los Trinitarios en el metro de Madrid. El vídeo muestra cómo les obligan a hacer con sus manos el número tres hacia abajo (bajar corona).
Nuevos trucos
Agobiados por la presión de la policía, los pandilleros han cambiado también su modo de actuar. Ya no van a hacer las «caídas» (ataques a grupos rivales) en grupos de diez o doce chavales. Prefieren separarse por parejas o tríos para pasar desapercibidos. Lo mismo hacen cuando suben al metro o al cercanías en busca de pandilleros rivales: se dividen en varios vagones.
Los investigadores han detectado otro cambio en su modus operandi. Una chica, integrante de la banda o novia de uno de ellos, suele estar cerca antes de que se produzca un ataque. Poco después, los agresores se acercan a ella y le entregan la ropa oscura o negra que usan en sus ataques, a veces manchada de sangre, y ella la guarda y les entrega ropa limpia y de colores chillones para que pasen desapercibidos.















