De entre los pirados tecnológicos, Peter Thiel es el más trastornado y, lógicamente, se ha ido a vivir a un país donde gobierna un señor que clonó a sus perros con los que «debate de economía» asesorado por su hermana, que es pitonisa. Como dijo Milei, «es un anarcocapitalista que encuentra a un anarcocapitalista que está llevando las cosas a la realidad y que están funcionando». Thiel nació en Alemania, aunque se crió en EE.UU y, tras vender Pay Pal en 2003, fundó Palantir, que presta servicios a la CIA (su software se usó para capturar a Maduro y bombardear Irán), al FBI y al ICE donde lo usan para «cazar inmigrantes».
No le gusta pagar impuestos, como a la mayoría de millonarios, por lo que se fue de California para evitar el impuesto a las grandes fortunas y se mudó a Miami, donde se pagan menos, hasta que en abril se trasladó a Buenos Aires, aprovechando el blandísimo régimen fiscal para las grandes fortunas creado por Milei. Pero tiene altos ejecutivos infiltrados en todas las esferas de poder norteamericanas, incluyendo el Pentágono.
Es un paranoico de manual que lleva avisando años con la llegada del «Armagedón» representado por la llegada del «Anticristo» que destruirá nuestra civilización. Bueno, no toda, porque dice que no llegará a Nueva Zelanda, motivo por el cual se compró la nacionalidad neozelandesa en la que se refugiará cuando se materialice la profecía. No sé como ha llegado a la conclusión de por qué en la tierra por la que correteaban Frodo, Légolas y Aragorn no llegará el Maligno.
Para Sam Altman (OPEN AI), Curtis Yarvin (bloguero de extrema derecha) y JD Vance, es un referente espiritual. Recuerden la obsesión de este último con que los ovnis los conducen demonios. Como Thiel son anti estatistas (se declaran enemigos del Estado) y atribuyen la condición de Anticristo a cualquiera que crea en el Estado. No obstante, Thiel trabaja con el estado americano y el argentino, que sepamos. Considera que «la IA nos liberará de las limitaciones del cerebro humano, empujando la productividad más allá de nuestros sueños más salvajes». Pero el verdadero problema no es que Thiel esté para encerrar en un psiquiátrico, en mi opinión, sino que posee un software espía fabuloso: entrecruza datos de todas las bases que han puesto a su disposición (la mayoría de las bases de datos públicas americanas y argentinas) incluyendo la navegación por GPS que hagamos cualesquiera de nosotros, con los datos de las webcams públicas y privadas a las que tenga acceso y con los que el personal cuelga en las redes sociales. Es decir, lo sabe todo y lo tiene todo. Y no lo va a usar en nuestro favor, sino para derrotar al Anticristo y destruir los estados.
Considera que el debate político no está entre el eje izquierda-derecha, ni entre democracia versus dictadura, no, porque todos ellos son contrarios y una amenaza a la libertad. Para él solo existe un objetivo consistente en la creación de grandes corporaciones que nos controlen mediante la IA. Es decir, lo que hemos visto en diferentes películas de ciencia ficción distópicas como Terminator, Matrix, Yo Robot, The Creator, Eagle Eye y, en cierto modo, 2001: Una Odisea del Espacio.
Posee un software especializado en la vigilancia, la represión, la persecución y el abuso; ha conseguido que se firmase el Acuerdo entre EE.UU y Argentina sobre Comercio e Inversión Recíproca que permite, supuestamente, que los datos de los ciudadanos argentinos se trasladen a los EE.UU sin los debidos controles; se declara anti estatista pero utiliza a los estados para hacerse con su información, y encima le pagan por ello, y su software de vigilancia masiva y análisis predictivo es una amenaza para la humanidad.
Como todos los malos, pasa bastante desapercibido. Especialmente en verano, y, más especialmente, este verano del 2026, que hace tanto calor y lo que procuras es meterte en el mar sin que te atropellen las motos de agua, o beberte una birra en un bar con pocos guiris y en el que, con un poco de suerte, te cobren menos de cuatro euros.













