La primera gran ola de calor del verano no ha sido un episodio como cualquier otro. Los registros confirman que este fenómeno, que se ha extendido en gran parte de Europa, ha dejado valores récord en el Viejo Continente con temperaturas de más de 45 grados en países como España y Francia y una sensación térmica que, en algunos casos, ha superado incluso la barrera de los 50 grados. Según apunta un análisis realizado por organización World Weather Attribution (WWA), alcanzar estas temperaturas en pleno mes de junio, en los albores del verano, habría sido «imposible» hace tan solo 50 años. «El cambio climático es el principal factor responsable de la gravedad de este peligroso episodio de calor», afirman los expertos que han liderado este trabajo quienes, además, recuerdan que ningún factor natural, ni siquiera el inicio de El Niño, puede haber contribuido tanto al calor extremo de estos días.
Los modelos apuntan a que los récords de calor habrían sido hasta 10 veces menos probables si la atmósfera del planeta no estuviera sobrecalentada
Los científicos recuerdan que, en origen, esta ola de calor se ha originado por un patrón de altas presiones ha atrapado una gran masa de aire caliente sobre Europa y ha arrastrado aire cálido procedente del Sahara sobre nuestras cabezas. Esto es lo que, en efecto, ha disparado tanto las temperaturas máximas diurnas como las temperaturas nocturnas registradas durante estos días. La dinámica atmosférica explica la llegada de esta ola de calor pero, según constata el análisis, no hay fenómeno natural que dé cuenta de la intensidad de la misma. «Los modelos indican que los extremos de temperatura alcanzados durante este episodio habrían sido prácticamente imposibles en 1976, hace solo 50 años. Una ola de calor similar en aquel clima histórico habría sido hasta 3,5 grados más fría», concluye el trabajo.
El análisis calcula que hasta un 45% de las ciudades europeas podrían haber batido su récord de estrés térmico para un mes de junio
El estudio, publicado este viernes tras el fin de la ola de calor en Europa, afirma que por culpa del calentamiento global «las sofocantes temperaturas nocturnas» registradas en estos días son hasta 100 veces más probables hoy de lo que eran hace solo 23 años, durante la famosa ola de calor europea de 2003. De la misma manera, las temperaturas máximas diurnas registradas durante esta ola de calor, y que en algunos casos han superado la barrera de los 45 grados, son aproximadamente 10 veces más probables ahora, en un mundo sobrecalentado por el cambio climático, que hace unas décadas. Los expertos afirman que no hay fenómeno natural que explica estas cifras. «Los modelos indican que El Niño no desempeñó ningún papel en la generación de este episodio de calor», afirma el trabajo.
Estrés térmico de récord
El análisis también sugiere que hasta un 45% de las ciudades europeas podrían haber batido su récord de estrés térmico para un mes de junio. Según explican los expertos tras analizar los datos de hasta 854 ciudades en 30 países europeos, «la combinación de calor intenso y alta humedad es especialmente peligrosa» porque puede poner en jaque el cuerpo humano y aumentar los problemas de salud de la población así como las tasas de mortalidad. «Las olas de calor son el riesgo natural que más muertes causa en Europa. Solo estamos empezando a ver los efectos de este fenómeno sobre la salud de las personas y la situación es grave», afirman los científicos en referencia a, por ejemplo, el recuento de las 212 muertes prematuras por calor extremo registradas en España en tan solo cuatro días.
«El calor extremo está batiendo récords en toda Europa y la ciencia es muy clara sobre el motivo: el cambio climático se está descontrolando debido a la dependencia mundial de la quema de carbón, petróleo y gas»
«El calor extremo está batiendo récords en toda Europa y la ciencia es muy clara sobre el motivo: el cambio climático se está descontrolando debido a la dependencia mundial de la quema de carbón, petróleo y gas«, afirma Simon Stiell, secretario ejecutivo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. «Las solución está clara. Necesitamos una transición más rápida hacia las energías limpias —que ahora son mucho más baratas que los combustibles fósiles—, así como la protección de los bosques y el fortalecimiento de la resiliencia climática. Ningún país puede permitirse seguir actuando como siempre. Debemos acelerar el ritmo, juntos», añade Stiell tras la publicación de este trabajo.
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