De la recepción de un hotel de lujo a la cocina de un barrio popular, Las Palmas de Gran Canaria vive la noche

Cuando cae la noche, Las Palmas de Gran Canaria no se recoge del todo: cambia de luz. Entre las ocho y las once, la ciudad de 548 años recibe a quienes llegan, enciende los escenarios, rescata su memoria en las redes y se refugia en las casas de sus barrios. Son horas de bienvenida, cultura, relato y abrigo, en las que la capital muestra otra forma de permanecer viva: en una recepción de hotel, en el foco que guía una obra, en un móvil que cuenta la historia de una avenida o en una cocina del Risco de San Nicolás. Al final del día, la ciudad vuelve a lo esencial: las personas que la habitan, la cuidan, la recuerdan y la hacen suya.

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