Cuando cae la noche, Las Palmas de Gran Canaria no se recoge del todo: cambia de luz. Entre las ocho y las once, la ciudad de 548 años recibe a quienes llegan, enciende los escenarios, rescata su memoria en las redes y se refugia en las casas de sus barrios. Son horas de bienvenida, cultura, relato y abrigo, en las que la capital muestra otra forma de permanecer viva: en una recepción de hotel, en el foco que guía una obra, en un móvil que cuenta la historia de una avenida o en una cocina del Risco de San Nicolás. Al final del día, la ciudad vuelve a lo esencial: las personas que la habitan, la cuidan, la recuerdan y la hacen suya.
UN DÍA EN LA CIUDAD | Raquel Moreno, recepcionista del Hotel Santa Catalina. / José Pérez Curbelo / LPR
20:00 | Raquel Moreno, jefa de recepción de Santa Catalina a Royal Hideaway Hotel
Da la bienvenida a todos aquellos que llegan por ocio, turismo o trabajo a Las Palmas de Gran Canaria. Raquel Moreno es la jefa de Recepción de Santa Catalina a Royal Hideaway Hotel, emblema de turismo en la ciudad. A sus 55 años empezó a trabajar en el hotel hace más de tres décadas, tras acabar los estudios como Técnico de Empresas y Actividades Turísticas (TEA) en la Escuela de Turismo de Las Palmas, estudios que completó con un Master en Turismo. Toda una carrera en ascenso desde aquellas primeras prácticas. «Siempre me gustó el turismo y los hoteles», resalta. Tras más de 30 años dedicada a este ámbito asegura que el sector no ha dejado de crecer. «Todos nos hemos hecho mucho más viajeros, al principio lo hacían más las personas de negocios o con poder adquisitivo alto, pero a medida que ha pasado el tiempo, se ha abierto mucho más, tanto a jóvenes como menos jóvenes, todos lo viven como una auténtica experiencia».
A base de tesón y dedicación, Raquel ha forjado su trayectoria de cara al público, esa sonrisa amable que la hace ser embajadora de Las Palmas de Gran Canaria. «Intento que la experiencia para el cliente sea bonita, no solo en el hotel, sino en la ciudad». Desde recomendaciones de dónde comer a qué lugares visitar, la recepcionista atiende a las ocho de la tarde a los huéspedes que a esa hora llegan de viaje, pero da igual el momento del día en que lo haga, la amabilidad es su tarjeta de presentación. «Recibimos a personas de sitios muy diferentes, desde lugares recónditos a gente de las islas». Para ella, el privilegio de trabajar en este emblemático establecimiento va más allá de haber conocido a estrellas de cine, deportistas de élite o cantantes internacionales. «Cuando despides a un cliente y te dice que se va encantado, esa es mi mayor recompensa». Formar parte de un establecimiento que es un icono del turismo dentro y fuera de la Isla, también lo es. «Este hotel es parte de mi vida».

UN DÍA EN LA CIUDAD: Cristina Alba, iluminadora. / José Pérez Curbelo / LPR
21:00 | Cristina Alba Moyano, iluminadora
Para que todo se vea tal cual Cristina lo ideó cuando se abran las puertas del teatro y comience la función son necesarias semanas de trabajo. El día del espectáculo la iluminadora empieza muy temprano. «Aunque la función sea por la noche estamos aquí desde la mañana». Una labor que según ella misma expresa supone poner «el lacito final» al trabajo previo de directores y actores. «El trabajo que ellos hacen es ese lienzo sobre el que yo pongo el punto de luz para que el público dirija su atención, manipulo el ojo del espectador para que vean y sientan según la esencia de la obra». Asegura que en la ciudad «se mueve mucha cultura» tanto profesional como amateur, «eso sin nombrar el Carnaval, que es la punta de lanza de los espectáculos en directo», matiza.
Aunque ha trabajado en festivales de música y en televisión, su trayectoria ha estado más ligada al Teatro, del que resalta la gran oferta existente. «El Teatro Cuyás trae lo mejor de la Península, en el Teatro Pérez Galdós hay ópera durante seis meses y en el Teatro Guiniguada se presentan muchas compañías canarias». Aunque haya habido salas que han cerrado, Cristina resalta el papel de otras que poco a poco se van abriendo hueco, como el Espacio Cultural Jesús Arencibia, en Tamaraceite. Pero de todo lo que se gesta en la capital, destaca dos especialmente: el Festival Temudas y el Festival Internacional de Cine.
La capital grancanaria le ha aportado estabilidad profesional a sus 40 años: «Ha sido como mi nidito, yo ya me quedo aquí». La iluminadora espera, y desea, que Las Palmas de Gran Canaria consiga finalmente la Capitalidad Europea de la Cultura en 2031. «Eso significaría que más gente se animaría a hacer cosas y que se crearían más puestos de trabajo». Y si de regalos de cumpleaños se trata, ella aporta el suyo propio: «Entretenimiento», así en mayúsculas. «Que la gente se olvide de sus problemas el ratito que dure mi espectáculo».

UN DÍA EN LA CIUDAD: Luis Cabrera, creador de contenido digital. / José Pérez Curbelo / LPR
22:00 | Luis Cabrera Rodríguez, creador de contenido
Luis Cabrera Rodríguez es graduado en Geografía e Historia y Master en Formación de Profesorado por la ULPGC. Está detrás de la cuenta de Instagram y Tiktok Historia para gandules, donde acumula casi 50.000 seguidores. A sus 31 años, si hay algo que le gusta, además de impartir clases como profesor, es divulgar la historia de Las Palmas de Gran Canaria a través de las nuevas plataformas digitales. En ellas difunde vídeos que él mismo idea, guioniza y graba sobre acontecimientos importantes, edificios emblemáticos y el origen de los propios barrios. «Sentía que no solo eran los turistas los desconocedores de la historia canaria, también los propios canarios».
Cuando se planteó llevarlos a cabo, algunos de ellos se volvieron rápidamente virales. Luis destaca dos especialmente: los que cuentan la historia de los Edificios Miller y Elder, ubicados en el parque Santa Catalina, y el origen del barrio de Tamaraceite. «Me di cuenta que la gente siente más interés por ese tipo de vídeos, sobre todo los que tienen que ver con barrios». Pero destaca que no solo le pueden haber servido a los demás, él mismo ha empezado a redescubrir esos lugares de otra manera. Y menciona una que por lo transitada que es requiere de explicación aparte: «Por ejemplo la avenida José Mesa y López. Es una de las calles más frecuentadas, pero quizás haya quien no sepa que fue un político muy importante, además de abogado, alcalde en dos ocasiones de la capital, llamada entonces Las Palmas».
A las diez de la noche, el creador de contenido prepara su trípode y su móvil para grabar algunos fragmentos para uno de sus vídeos. A esa hora, la avenida nota la tranquilidad con la que Luis se dispone a idear algunos de sus clips. A él Las Palmas de Gran Canaria le ha dado Patrimonio. Él quiere regalarle en su 548 aniversario «poner en valor» su historia y su cultura en forma de reel.

UN DIA EN LA CIUDAD: Begoña Cabrera, vecina de San Nicolás. / José Pérez Curbelo / LPR
23:00 | Begoña Cabrera, vecina de San Nicolás
«Aquí en el barrio recibimos a la gente en la cocina», asegura Begoña Cabrera Santana en su casa, heredada de su abuela y construida con sacrificio durante años. Lo hace con una taza en la mano y una gran sonrisa. Son las once de la noche y a esta hora, después de cenar, lo que le apetece a esta vecina del Risco de San Nicolás es tomarse algo caliente para recostarse en el sillón a ver la tele. Estos días está recuperándose de un problema de salud, pero a sus 57 años ha tenido una vida muy activa y ajetreada, de implicación en el barrio. No obstante, aclara que trata de «salir a caminar todos los días», y también cuida de su nieta, aunque eso signifique acabar «agotada». Y a pesar de su estado, cualquier hora es buena, incluidas las once de la noche, «para tomar algo con alguna vecina».
Su casa se encuentra en la calle Gregorio Gutiérrez, en la parte alta del Risco. A su alrededor, si algo destaca, es que la mayoría de las viviendas están cuidadas y hay decoración por todos lados. Begoña forma parte del grupo de Las Grego, 17 mujeres, vecinas del barrio, que un día en la playa del Cabrón decidieron intentar cambiar el mundo. O al menos su entorno más próximo. «Hay que hacer algo por el barrio», les dijo, «vivir en el Risco es un lujo porque es muy familiar, pero también tiene muchos impedimentos, hay supermercados que se niegan a traerte la compra».
Este espíritu le viene de familia, «siempre fuimos reivindicativos», además de muy queridos, «el 50 aniversario de mis padres lo hicimos en la calle, entre todos los vecinos». De hecho, que la calle donde viven luzca así es gracias a ellos. «La arreglamos nosotros, salimos a pintar los frontis», cuenta, «nos hemos visto con un barrio abandonado, somos de segunda clase para los políticos». Con todo, el espíritu de lucha nunca se pierde con tal de aportar un granito de arena a una zona de la capital «donde siempre ha habido necesidad».














