No pudo Bélgica con la combativa y admirable Irán en un duelo que deja a ambas selecciones con dos puntos y pendientes de la última jornada (0-0). El combinado de Rudi Garcia, inoperante este domingo en Los Ángeles, deberá ganar a Nueva Zelanda (no debería ser una misión complicada) para esquivar un fiasco antológico en uno de los grupos más flojos del torneo. Los asiáticos, a pesar de las trabas de Donald Trump, también lucharán por el pase a dieciseisavos contra Egipto.
A falta de goles, fueron los dos porteros los protagonistas. Courtois ya es un clásico en esos menesteres. Este domingo le acompañó el gran Beiranvand, el meta iraní criado en una familia de pastores que durmió en la calle en su infancia. El arquero, que fue lavacoches, pizzero y barrendero antes de ponerse los guantes de forma profesional, fue clave para mantener a flote a su selección.
Gol anulado
Con la baja de Doku, ausente por problemas respiratorios a la espera del nacimiento de su primer hijo, Bélgica perdía su principal faro en ataque. Llevó el cuadro de Rudi Garcia la iniciativa, pero le faltó clarividencia. De Bruyne, tan voluntarioso como espeso, no encontró nunca la tecla correcta y solo Tielemans, con un misil desviado por Beiranvand y algún detalle de Trossard animaron a los europeos en la primera parte.
Ni siquiera la titularidad de Lukaku aportaba dividendos a una Bélgica que estuvo cerca de llevarse pronto un bofetón. Courtois lo evitó con una parada estelar tras un remate de Kanaani (m. 14). También el VAR, que intervino para anular el tanto de Taremi en una falta ensayada magistralmente ejecutada. El ariete iraní estaba en fuera de juego por poco.
Mano milagrosa
El meta del Madrid volvió a agigantarse ante Taremi (m. 53), pero Beiranvand respondió con una mano milagrosa ante De Cuyper a la hora de partido, una parada que bien podría ser la mejor del campeonato.
Apretaba Bélgica, pero Ngoy cometió un error garrafal en una nefasta cesión que le costó la roja al central del Lille tras derribar a Taremi (m. 66). Lukebakio tuvo la última, pero su clásico zurdazo se marchó fuera y el pulso acabó con unas tablas justas.






